DISCURSO
X-5GXXJO
EN LA SOLEMNE INAUGURACION DE LOS ESTUDIOS
DE LA
EL DIA l.° DE OCTUBRE DE 1870
POR EL DOCTOR
p. J?RANCISCO pODERA Y pAIDIH,
CATEDRÁTICO
DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA T LETRAS.
Vv^ocyco»\\co CaWsto Ktoo
X 870.
.
Importancia del estudio de la Lengua árabe, en especial para
ilustrar la historia primitiva de Aragón.
.
. •
/
,
JLMO. JSR.:
Extraño podrá pareceros os dirija la palabra desde
este sitio, quien bajo todos conceptos ocupa el último
lugar entre los dignísimos Profesores que componen el
claustro de esta Universidad; pero no es culpa mia, si un
mandato superior me obliga á ocupar este sitio y llenar
una misión, para la que, reconozco, me faltan conoci¬
mientos suficientes y el arte de la exposición.
En la necesidad de dirigiros la palabra en este so¬
lemne acto, era no pequeña dificultad para mí elegir
— 6 —
un asunto, sobre el cual pudiera hablaros de modo, que
ja que no agradable, os fuera menos molesto por la no¬
vedad quizá é interes local del mismo. Una lijera indi¬
cación de quien como jefe acababa de imponerme tan
pesada carga, j que dejando su carácter oficial, reco¬
braba el de maestro j amigo cariñoso, me decidió á to¬
mar por asunto de mi trabajo, algo que tuviera relación
con los estudios arábigos j con las cosas de Aragón:
para poder suplir la pobreza de mi ingénio con la abun¬
dancia y variedad del asunto, me propuse desde luego
hablaros de la importancia del estudio de la Lengua
árabe: si no hubiera tenido la profunda convicción de mi
incapacidad para presentaros de un modo algo ameno,
un asunto árido en sí, os hubiera hablado únicamente
de la importancia que tiene para la historia de Aragón
j de los resultados obtenidos hasta hoj; pero he creído
no ser fuera de propósito, decir algo de su importancia
general, de la que tiene para España, y de la especial
que tener debiera para los que han nacido en el antiguo
reino de Aragón .
I.
El interés general de la Lengua árabe se refunde en
la importancia inmensa que tiene para la historia de la
Edad media en todas sus manifestaciones, j para la Fi¬
lología comparada.
Sin pretender rebajar en lo mas mínimo la civiliza¬
ción cristiana de los siglos medios, es indudable, que
desde el siglo vm al xm los musulmanes, tanto de oriente
como de occidente, empuñaron el cetro del saber en to¬
dos los ramos, escribiendo infinidad de libros en una
lengua, que con mas verdad que la latina, ha podido lla¬
marse lengua de comunicación entre los sábios; pues era
escrita y aun hablada del mismo modo por los musul¬
manes, fueran naturales de España, Egipto, Al-Magreb,
ó bien hubieran nacido en los paises regados por el Eu¬
frates, el Tigris, el Indo ó el Oxus, por los judíos habi¬
tantes en los países musulmanes, y por muchos cristia¬
nos del rito oriental; al paso que el latín, si escrito era
entendido por el clero en todos los pueblos de Europa,
y aun si se quiere por el vulgo en la parte meridional,
en modo alguno podía servir para la comunicación ha¬
blada; pues la diferencia de pronunciación, era causa de
que aun los sábios se entendieran con suma dificultad.
El pueblo árabe, no solo es el que mas obras produjo
en la Edad media, pues cuando tan poco se cultivaban
las ciencias, no hubiera dado una gran prueba de fecun¬
didad, presentándose con una literatura mas rica y va¬
riada, que las de los pueblos que en la misma época pu¬
dieran tener cultura literaria; sino que, puede asegu¬
rarse sin género alguno de duda, que ningún pueblo an¬
tiguo ni moderno, al menos hasta el siglo xix, cuenta
uji número tan prodigioso de escritores; y no se crea, que
cada uno de los autores árabes presentará á nuestra con¬
sideración alguna que otra obra: lo que nosotros llama¬
mos portentos de fecundidad en los A. A. cristianos de
la Edad media y moderna, es en ellos muy común, y si
nos sorprende como pudieran escribir tanto, el angélico
Doctor Santo Tomás de Aquino, y sobre todo, nuestros
Suarez y el Tostado, no menos deberá sorprendernos la
fecundidad de nuestros escritores árabes. Basta citar los
nombres de Abdo-Mélik ben Habid-Ac-Calemi (1) natu¬
ral de Huetor cerca de Cranada, de quien se dice que es¬
cribió mil cincuenta libros de toda clase de asuntos, se¬
gún la Biblioteca árabico-hispana deEbn Aljatib (2): de
Fajir ed-Din ben Aljatib, natural de Raya enPersia, se
conservan los títulos basta de cincuenta obras de Teolo¬
gía, Derecho, Medicina, Historia, Astrología etc. (3): de
Mohammad Alfarabi tenemos los de sesenta, alguna de
las cuales, la Enciclopedia, se encuentra entre los M. S.
del Escorial (4): del gran médico persa Mohammad Ar-
Razise citan los títulos deciento seis, algunas de las cua¬
les fueron vertidas al latín, versiones que solo imperfec¬
tamente dan idea del mérito del autor, por ser apenas com¬
prensibles, lo cual nada debe estrañarnos, atendida la
dificultad de hacer buenas traducciones del árabe, cuando
con tan pocos medios se contaba para su estudio (5).
De Avicena se conservan los títulos de cuarenta y
siete obras de toda clase de asuntos: á los veintiún años
había escrito su Enciclopedia, que á instancia de su hijo
ilustró después en veinte tomos: sus obras versan sobre
Medicina, Teología, Filosofía, Astronomía, de la Len¬
gua árabe, de Matemáticas, de Zoología, de Botánica y
(1) Seguimos en cuanto nos es posible la transcripción de las letras ára¬
bes, aceptada por la Academia de la Historia para la publicación de obras
arábigas.
(2) Casiri, Bibliotheca arábico hispana, tomo II, pág. 107.
(3) Casiri, tomo I, pág. 183.
(4) Casiri, tomo I, pág. 190.
(5) Casiri, tomo I, pág. 266.
9 —
hasta de Cetrería (1). Por no hacernos interminables,
nos contentaremos con citar algo de Jakub Al-Kindi,
gran filósofo del siglo iii de la hegira: se conservan de él
los títulos de doscientas una obras, divididas en diez y
siete grupos, que nos permitiremos copiar, á saber: Opera
philosophica 16.—Lógica 9.—Arithmetica 11.—Spbse-
rica 8.—Música 6.—-Astrológica 16.—Geométrica 21.
De orbi coelesti opera 10.—De Anima 5.—Política 11.
Meteorológica 9.—Optica 7.—Prolegomena 3.—Misce¬
lánea 28.—Por los títulos de algunas délas obras, se com¬
prende que Jakub AJ-Kuindicomo los demás filósofos ára¬
bes, no temía abordar las mas elevadas cuestiones de=
todos los ramos del saber: para probar nuestro aserto, bas¬
tará indicar los títulos de algunas tales como los pone
Casiri.—Quod maris superficies sit sphaerica. De trian-
guli et cuadranguli divissione (sive de anguli rectilinii
tisectione et cuadrisectione).—De morsu canis rabie cor-
repti.—De Somni et Somniorum causa.—Quod anima,
memoria et intellectu ex se prsedita sit, antequan in cor-
pus infundatur. De instrumentis quibus stadiorum nu¬
meras et corporum magnitudo intelligatur.—-De instru¬
menta descriptione, quo corpora oculis nostris objecta,
quantum distent dignoscamus.—Pefelluntur qui auri et
argenti conficiendi artem jactant (1).
Si se conservaran todos los libros publicados por los
árabes, apenas habría clase alguna de conocimientos, so¬
bre cuya historia en esos siglos no reflejaran una luz muy
viva; pero aunque se hayan perdido gran parte de sus
(1) Casiri, tomo I, pág. 270.
(2) Casiri. tomo I. pág. 353 y siguientes.
2
10 —
obras, quedan, más que suficientes para con ellas poder
rehacer la historia de cada uno de los ramos del saber;
pues si bien es verdad, que quedarían algunas lagunas
para ver la marcha que el espíritu árabe ha seguido en
su desenvolvimiento, el gran número de Bibliotecas ará¬
bigas, ó diccionarios biográficos y bibliográficos propor¬
cionaría preciosas indicaciones para completar el cuadro
de la historia de cada una de las ciencias: los árabes eran
tan aficionados á esta clase de trabajos, que tienen Bi¬
bliotecas de los kadies célebres, de los poetas, de los guer¬
reros, de los compañeros de Mahoma, de los emires y ca¬
lifas poetas, de los ciegos célebres, de los médicos, de los
médicos intrusos, de los matemáticos, de las mujeres cé¬
lebres, de los personajes que florecieron en letras y ar¬
mas en las poblaciones importantes, como en esta de Za¬
ragoza, etc.: tales Bibliotecas, dan noticias muy curiosas
de cada uno de los personajes que cultivaron este ó el
otro ramo del saber, con lo cuál puede conocerse la ci¬
vilización é historia de los musulmanes, mucho mejor
que la vida íntima de nuestros mayores; pues los histo¬
riadores europeos, áun los griegos y latinos, casi nada
nos dicen de la vida del pueblo, ocupándose solo de la de
los príncipes y capitanes, y de las guerras que han deso¬
lado á los los diferentes estados.
Para la geografía de la Edad media en especial, pue¬
den adquirirse preciosísimos datos en las relaciones délos
viajeros árabes, pues con su afición á los viajes, desarro¬
llada por el precepto coránico de hacer, al menos una vez
en la vida, la peregrinación á la Meca, durante la Edad
media ellos fueron los únicos que viajaron por todo el
— li¬
mando conocido. Si un motivo religioso impulsabaá todo
musulmán que de bueno se preciára á emprender largas
peregrinaciones, con objeto de visitar lapátria de Malioma
y el lugar donde descansaban sus restos, motivos no me¬
nos poderosos, pero especiales, impulsaban áviajes cuyo
relato tiene mayor interés científico: los musulmanes de¬
dicados al estudio del Derecho y de la Teología, no me¬
nos entusiastas por la ciencia, que los que en la Europa
meridional y central abandonaban su pátria para oir las
celebradas lecciones de los Bártolos y Baldos, en las Uni¬
versidades de Italia, iban en busca de profesores profun¬
damente versados en estas ciencias: en especial los ára¬
bes de España y Magreb acudian á Túnez, Kairowan,
el Cairo, Damasco y Bagdad. Los entregados á la vidare-
ligiosa buscaban, á veces á distancias inmensas, los ejem¬
plos y consejos de algún piadoso anacoreta: y por cierto
que al relato de una de estas visitas, debemos, si no la
resolución del problema geográfico de la situación de la
antigua Illiberis, al menos un dato, que no sabemos cómo
interpretarán los que la colocan donde la actual Gra¬
nada (1).
(1) Dice así:—Visité en Granada al xeque de los xeques y de los so-
fíes, al jurisconculto Abu-Aly-Omar, hijo del piadoso y santo xeque Abu
Abd-Allah Mohammad ben Alraahruk, permaneciendo algunos dias en la
zawia (habitación solitaria) que hay fuera de Granada, donde me obsequió-
mucho: después fui con él á visitar la célebre y venerada ermita conocida
por la ermita del Aguila, pues Aguila es el nombre de una montaña que do¬
mina el exterior de Granada á distancia de unas ocho millas, cerca de Me-
dinah Elvira, que está arruinada: vi también á su sobrino Abu-l-llagan,
Aly ben Ahmed ben Almahruk, etc. Es verdad, que el texto impreso dice
Medinah Attirah; pero como en uno de los códices, que los editores dicen
ser de lo mas completo y correcto, dice Elvira, creemos debe admitirse su
lección, aunque en el autógrafo de Ebn Chozay, diga Attirah, pues nadie
— 12 —
A veces en nn mismo individuo, como sucede con el
célebre viajero Ebn Haukal y con el infatigable com¬
pilador Jakub, los viajesy observaciones del comerciante
fecundizan y enriquecen la ciencia del geógrafo.
Más de una vez, una loable curiosidad, de la que sin
embargo, injustamente se despoja á las semitas, y el
•deseo de enterarse de los usos y costumbres de pueblos
extranjeros, llevaron hasta la India, la China y la isla
de Madagascar algunos árabes naturales del Irac y de
Kharezm, tales como Macoudi, Ebn Wahab y Byroni.
Los célebres viajeros modernos, Seetzen, el ilustre explo¬
rador de la Siria, y Burckhardt de laNubia, fueron los pri¬
meros que dieron á conocer la gran importancia geográfica
déla obra Viajes de Ebn Bahitah, redactados por el grana¬
dino Ebn Chozay, en vista de las relaciones dictadas por
el mismo viajero; y sin embargo, solo conocian la obra
por áridos compendios: aunque se tenia noticia que exis¬
tia algún ejemplar de la redacción primitiva, ningún eu¬
ropeo podia aprovecharse de él: gracias á la conquista de
la Argelia, en Constantina se encontraron varios ejempla¬
res, y en mil ochocientos cincuenta y tres, la Sociedad
asiática, ha publicado el texto, acompañado de una tra¬
ducción por Defremeri y Sanguinetti.
Ebn Batuta-, salió de Tánger, su pátria, á la edad de
veintidós años, en mil trescientos veinticinco, regresando
en mil trescientos cuarenta y nueve: durante estos vein¬
ticuatro años,no solo visitó lospaises que tenia que atrave-
•cita en las cercanías de Granada una población llamada de este modo: (Ebn
Batuta. Texte et traduction par C. Defremery et le Dr. B. R. Sanguineti,
tomo IV, pág. 372 y 373.
— 13 —
sarpara cumplir con la obligación de un celoso muslim,
sino que exploró las diferentes provincias de la Arabia,
Siria, Persia, Irackárabi, laMesopotamia, elZanguebar,
el Asia Menor y la Rusia meridional, haciendo una excur-
sioná Constantinopla: después atravesó la Bucaria y el Af¬
ganistán, llegando al valle del Indo, donde visitó la córte
de Dehli, capital entonces del imperio musulmán en la
India, deteniéndose en este país por espacio de dos años:
encargado de una misión diplomática cerca del Empera¬
dor de la China, arribó á la costa de Malabar, puerto de
Calicut, empeño entonces del comercio de la India con
las regiones occidentales y orientales de Asia: contra¬
riado por un accidente imprevisto, nuestro viajero se vió
precisado á detenerse; pasó á las islas Maldivas , donde
permaneció año y medio, llenando las funciones dekadi:
volviendo á emprender sus viajes, visitó Ceilan, el ar¬
chipiélago indio y parte de la China, dando por termi¬
nado su primer viaje, y volviendo á su pátria, Tánger,
en mil ochocientos cuarenta y nueve, después de vein¬
ticuatro años de ausencia: apenas llegado á su pátria, vi¬
sitó nuestro pintoresco reino de Granada. El último viaje
de Ebn Batutah no debía ser menos importante: en mil
trescientos cincuenta y uno salió de Fez para explorar el
Sudan y el país de los negros: en esta última expedición
visitó las dos capitales del Sudan, Melli y Tombuctu,
siendo como observa el sábio geógrafo Walckenaer, el
primer viajero que haya penetrado en el interior de Africa,
entre aquellos cuyos viajes se han publicado (1).
(1) Ebn Batutah. tomo I. pág. 5.
— 14 —
Las relaciones de viajes como la de Ebn Batutah, me¬
jor que los historiadores, nos dan á conocer la vida ín¬
tima de los pueblos musulmanes; pues el viajero tan
pronto se pone en comunicación con los príncipes de los
paises que visita, como con los sábios y penitentes de los
monasterios musulmanes, dándonos á conocer cuanto en
ellos hubiera de notable, haciendo casi siempre una poé¬
tica descripción de la ciudad; cuyas escelencias nos re¬
fiere.
Sin que pretendamos que los árabes fueran los maes¬
tros de la Europa cristiana en la Edad media, hay que
confesar, que ellos conservaron viva la tradición de los
conocimientos griegos, traduciendo al árabe, bien direc¬
tamente, bien por el intermedio del siríaco, como quie¬
ran algunos, las obras de los filósofos, naturalistas, mé¬
dicos y matemáticos griegos. Gracias á estas traduccio¬
nes hechas por los árabes, ha podido la Europa moderna
conocer algunas obras griegas, cuyos originales se han
perdido: tales son algunos libros de Apolonio de Perga
sobre los conos, y varios libros de' los Comentarios de
Galeno sobre los Epidémicos de Hipócrates. Hace pocos
años se ha encontrado la traducción árabe de un pequeño
tratado de Euclides sobre la lalanza (1).
Aunque es muy común decir lo contrario, los árabes
no fueron solo depositarios de las ciencias, sino que las
trasmitieron con notable aumento. Si los musulmanes
se atuvieron en cuanto á la Filosofía propiamente dicha
á las doctrinas de Aristóteles, mejor ó peor interpretá¬
is P. G. de Dumast. L’Orientalisme rendu classique, pág. 20.
— 15 —•
das, como le sucedia á la Europa, no quedaron estacio¬
nados en otra clase de conocimientos: así, en la Filoso¬
fía de la Historia y del Derecho. Ebn Jaldun es digno
predecesor de Vico y de Montesquieu: la Medicina fué
perfeccionada por los médicos encargados de la clínica
en Bagdad, población donde se organizó el primer ser¬
vicio de hospitales regulares; llegando á presentir, y
algo mas, según las indicaciones que nos hacen, infini¬
dad de cosas malamente reputadas modernas, debién-
dóseles, entre otras, los primeros ensayos de litotricia. Se
ha creido que en Matemáticas, y sobre todo en Astrono¬
mía, no habían hecho mas que copiar á los griegos: tal
opinión, que no se aviene con la existencia de un globo
celeste ejecutado en el siglo xiii, no puede en modo al¬
guno sostenerse, cuando vemos á Abu-l-Wéfa, señalar
y describir en 975 el tercer movimiento irregular de la
luna, cuyo descubrimiento pasaba por uno de los títulos
de gloria de Tico-brahe: cuando vemos á Abu-Hacan
sustituir en trigonometría al empleo de las cuerdas el de
los senos y tangentes; y á Ebn Haitan exponiendo cla¬
ramente los elementos de la geometría llamada Aposi¬
ción, ochocientos años antes de Carnot. Tales hechos no
deben sorprendernos de parte de un pueblo á quien per¬
tenece, si no precisamente la generalización de los cál¬
culos, pues que los indios les disputan la invención, al
menos el honor de haber desenvuelto el álgebra, y esto,
hasta el punto de haber hecho entrar en ella las ecua¬
ciones de tercer grado (1).
Los árabes, que tanto viajaron, dejándonos datos pre-
(1) P. G. de Duraast. L’Orientalisme rendu classique, pág. 12.
— 16 —
<úosos para la geografía en la descripción de sus viajes,
no fueron menos dados á las obras históricas; siendo tal
la abundancia de las que se citan, ya generales, ya par¬
ticulares, ya biográficas, que apenas se encuentra un
personaje importante ó una población de alguna consi¬
deración que no tuviera su historiador.—Hachi Jalifa
afirma, haber l legado á su noticia mil trescientos escritos
históricos, número que parece muy corto al erudito ca¬
tedrático de Lengua árabe de la Universidad de Gra¬
nada, Sr. D. Francisco Javier Simonet (1); pues no es
raro encontrar en las Bibliotecas obras no conocidas por
el celebrado autor del Diccionario bibliográfico, á pesar
de su exquisita diligencia.
Si se nos pregunta, si entre los historiadores árabes
hay algún Tucídides, Salustio ó Tácito, convendremos en
que nunca llegaron á tanta perfección; pero de aquí no
se deduce que tengan tan poco mérito como general¬
mente se admite, y para mí, aunque sienta decirlo, de¬
pende de incurrir en uno de los mismos defectos que á
los semitas se achacan, y que son propios de la raza hu¬
mana casi de todas las épocas.
Dice nuestro querido amigo el Sr. Simonet en el dis¬
curso antes citado: «Los historiadores árabes han incur¬
rido también en otro defecto censurado por Ebn Jaldun,
que es, no haber atendido á los cambios y circunstan¬
cias distintas que experimentan las naciones con la su-
(1) Discurso leído ante el Claustro de la Universidad de Granada en la
recepción de D. Francisco Javier Simonet, catedrático numerario de Len¬
gua árabe, el dia 15 de Setiembre de 1862: este excelente discurso, tan
lleno de erudición arábiga, puede dar una idea bastante exacta de la civili¬
zación árabe, y de la historiografía arábigo española.
17 —
cesión de los siglos, juzgando de los hechos pasados por
el estado actual de las cosas. Pueblo inmóvil, conserva¬
dor y fijo en la tradición y costumbre; pueblo para quien
nada pasa ni se altera, y que vé confundirse el pasado,
el presente y el futuro en una idea eterna é inmutable,
como el horizonte siempre sereno é igual de sus desier¬
tos; pueblo contento con lo actual, sin aspiraciones al
porvenir é indeferente á las ventajas y mejoras de una ci¬
vilización mas adelantada, el árabe no ha comprendido la
idea del progreso y del perfeccionamiento del hombre en
la historia.» Ó mucho nos equivocamos, ó los que hacen
este cargo á los árabes, incurren en el mismo defecto:
¿en la época en que floreció la cultura árabe, babia al¬
gún pueblo, no de Europa, sino del mundo conocido ó
por conocer, que estuviera tan adelantado en la crítica
histórica, que hubiera llegado á reflexionar sobre los in¬
convenientes de juzgar á los pueblos antiguos bajo el
prisma de las ideas entonces dominantes? ¿Cuándo se
han fijado en esto los europeos? Creemos que es muy
reciente este grado de reflexión; tanto, que algún mo¬
derno achaca á los historiadores aragoneses , quizá con
sobrada razón, el que nunca los escritores de las cosas
de Aragón han sabido prescindir de las ideas que tenían
sobre el poder real, para juzgar la monarquía de los pri¬
meros siglos de la reconquista; lo que ha sido causa de
que no se hayan interpretado rectamente los documen¬
tos de nuestros archivos: y esto no es solo aplicable á
Aragón, sino también á Castilla (1).
' (l) Discursos leídos ante la Academia de la Historia en la recepción pú¬
blica de D. Manuel Oliver y Hurtado el dia 8 de Abril de 1862. pág. 38.
3
— 18 —
Se necesita tanta fuerza de reflexión para fijarse por
sí mismo en lo absurdo de atribuir á personajes de otras
■épocas d pueblos, nuestras ideas y modo de ver las co¬
sas, que el teatro, casi basta nuestros dias, al menos en
los trajes no ha sabido prescindir de presentarnos los
personajes griegos y romanos como si fueran españoles
del siglo xvi, y en Francia como si hubieran vivido en
la córte de Luis XIV.'—El que quiera ver si nuestros
autores de la misma época en que florecia la historio¬
grafía árabe sabían salvar este defecto, lea el Poema de
Alejandro de Gonzalo de Berceo, y verá al conquistador
macedónico convertido en un paladín cristiano de la
Edad media, y al filósofo Arístoles en un reverendo pre¬
ceptor del régio alumno, bajo el nombre de D. Aristótil.
No puede por tanto achacarse á los historiadores árabes
el no haber tenido en cuenta la diferencia de ideas para
juzgar rectamente los hechos históricos, tanto mas, cuanto
quizá sea Ebn Jaldun en el siglo xiv, quien primera¬
mente llamase la atención de la crítica sobre este punto.
Otros dos defectos capitales se achacan, yen parte con
razón á los autores árabes; pero que también son de la
época y no esclusivos suyos, á saber: el haber copiado
servilmente y aceptado con ciega confianza cuanto otros
escribieron ó les trasmitieron por tradición, y la exage¬
ración en que incurren, principalmente al referir las
victorias y conquistas del islamismo: así al referir la
batalla de Zallaca en que fué vencido el gran Al fonso VI,
calculan la pérdida de los cristianos en mas de sesenta
mil hombres, casi todos los que entraron en acción (1).
(1) Simonet. Discurso citado, pág. 13.
— 19 —
Para atenuar el desprestigio que pudiera recaer sobre'
los historiadores árabes, y sincerarlos de estos cargos
muy fundados en sí, y advertidos antes que nadie por
el gran historiador Ebn Jaldun en sus Prolegómenos,
que pudieran considerarse como una introducción al es¬
tudio de la historia, nos contentaremos con preguntar.
¿Nuestro historiador Mariana, y qué decimos Mariana,,
algún compilador moderno que ha servido de texto en
las escuelas, cuántas cosas refiere que no pueden ser ad¬
mitidas, no decimos por una crítica exigente, sino ni
aun por el más crédulo admirador de nuestros grandes
historiadores? Y respecto de exageración ¿qué podemos,
decir délos árabes, cuando, según nuestros cronistas, en
la batalla mas insignificante murieron mas sarracenos
que soldados podemos reunir hoy, habiéndose dado estas,
batallas en los terrenos montuosos de Astúrias y Aragón,
donde hasta era materialmente imposible colocar ejérci¬
tos tan numerosos? Y nótese, como prueba de la impar¬
cialidad de los autores árabes, que á nuestro modo de
ver, exageran hasta sus mismas derrotas: así en la ba¬
talla de Aljandik ó de la hoya ganada por Ramiro II en
938 cerca de Zamora, dice Al-Makkari murieron cin-
ciienta mil musulmanes (1), y en la célebre de las Na¬
vas de Tolosa, según confesión del mismo autor, de seis¬
cientos mil musulmanes, apenas Iquedaron mil (2). En
descargo de unos y otros, no queremos dejar de hacer
una observación: cuantas veces se reúne una multitud
considerable de personas, el que se pone á calcular su
(!) Edición de Leyden, tomo I, pág. 228, lín. 9.
(2) Tomo II, pág. 696, lín. 22.
20 —
número, siempre le crée mucho mayor, aun suponién¬
dole la mejor buena fé. ¿Queréis probarlo palmariamente?
Asistid á una manifestación ó fiesta pública: preguntad
después á vuestros amigos, cuántos han asistido, y la
mayor parte, no teniendo en cuenta el número de hom¬
bres mayores de edad que hay en la población, guia¬
dos por la impresión que les causé la multitud, calcu¬
larán que asistieron mas individuos que hay en la
misma; y si creeis que á esta exageración puede con¬
ducir el interés personal ó de partido, suponed la re¬
unión del género que queráis; y como haya en ella
tres mil personas, estad seguros, que la generalidad su¬
pondrán que hay mas de seis mil: si á estas considera¬
ciones se agrega la profunda impresión que debia cau¬
sar aun en los hombres mas acostumbrados á la vida de
los campamentos, el aspecto de un campo de batalla
sembrado de cadáveres y heridos moribundos, no extra¬
ñareis que los historiadores de todas edades, exageren
el número de los muertos en esas terribles luchas.
IX.
Si el estudio de la Lengua árabe tiene tanta impor¬
tancia para el conocimiento de la historia de los tiem¬
pos medios, no le tiene inferior para una clase de estu¬
dios nacida podemos decir en nuestros dias, para la cien¬
cia creada por los Grim y Bopp, y desarrollada por otros
no menos laboriosos investigadores: nos referimos á la
Filología comparada, ese gran medio de análisis de que
se sirve nuestro siglo, para investigar al través de las
— 21 —
transformaciones del lenguaje, las emigraciones sucesi¬
vas de los pueblos desde que se separaron en la gran
llanura de Senaar, según la tradición bíblica indica, y
está á punto de demostrar la ciencia mas exigente.
De las tres grandes familias de lenguas, que reco¬
noce la Filología moderna, la semítica es la que tiene
caractéres mas marcados; tanto, que la gran semejanza
de las lenguas que la constituyen, no ha podido pasar
desapercibida á ninguno que haya tenido conocimiento
de dos de ellas; así el judío Maimonides dice en el siglo
xn: «En cuanto á la lengua árabe |y hebrea, convienen
cuantos las conocen, que ambas son una sola lengua sin
género alguno de duda, y lo mismo sucede con el siriaco
afin de ambas (1).
No es tan marcada la semejanza gramatical y lexi¬
cológica entre las lenguas que constituyen los otros dos
grupos ó familias, la indo-europea y la turaniana; pero
dados los estudios que se han llevado á cabo en los últi¬
mos años, tampoco cabe duda alguna respecto de la se¬
mejanza que las lenguas de una misma familia tienen
entre sí.
Las dos familias que mas interés inspiran, son la se¬
mítica é indo-europea, por la importancia histórica de
los pueblos que á ellas pertenecen; pues semitas é indo¬
europeos son los pueblos que han estado al frente de la
civilización, al menos desde los albores de la historia.
Para el estudio comparativo, todos convienen en que
entre las indo-europeas, la lengua sánscrita es la mas
(1) Casiri tomo I, pág. 292.
— 22 —
importante, sin decir por esto que sea la mas antigua, por
cuanto á favor de la luz que ella lia difundido, se expli¬
can perfectamente formas irregulares del latin, del griego
y del aleman, por mas que ella á su vez reciba en cier¬
tos casos la explicación de sus anomalías, de estas mis¬
mas, del gótico ó del gales. Entre las semíticas, para el
estudio comparativo, se disputan la preferencia el he¬
breo y el árabe, apareciendo en lontananza una tercera,
en favor de la cual probablemente se decidirá la compe¬
tencia, cuando merced al auxilio que hoy le prestan las
demás, sus hermanas, haya salido del olvido en que la
sepultaron los escombros que sobre ellahan hacinado las
generaciones de veinte siglos.
Esta lengua es la asiria, hablada por un inmenso pue¬
blo desde el siglo xxm al i, antes de la era vulgar en los
grandes imperios de Nínive y Babilionia, estendiendo
su dominio á Persépolis, Susa, Ecbatana, Van, costas de
Siria, islas del Mediterráneo y bocas delNilo (1). Con la
toma de Babilonia por Ciro, la lengua asiria decae, siendo
solo la lengua de los vencidos; y si la soberbia de los
Acaménidas le concede un lugar en las inscripciones en
que quieren perpetuar sus conquistas, pronto desapare¬
cerá con la lengua de los vencedores, vencidos y subyu¬
gados á su vez por el conquistador macedónio.
Estaba reservado al siglo xix resucitar las lenguas de
los antiguos pueblos, salvadas providencialmente en las
inscripciones esparcidas entre las ruinas de los templos
del Egipto y Asia central.
(1) Menant. Eleinents d’Epigraphié assirienne, pág. Vil.
— 23 —
El Egipto fué el primero que salid de sus sombríos
necrópolis, habiendo encontrado un Daniel, según la ex¬
presión del cardenal Wisseman, en el génio de Cham-
polion (1).
Así como la inscripción bilingüe de Roseta did la clave
para la interpretación de los geroglíficos egipcios, las
inscripciones de Persépolis habían de servir para desci¬
frar las de Ninive y Babilonia: en Persépolis las inscrip¬
ciones que nos recuerdan los hechos de los Ciros, Xerxes
y Daríos, están redactadas en tres lenguas; la primera
es naturalmente la de los vencedores, la lengua de los
persas antiguos, perteneciendo las otras dos á los pueblos
vencidos: no habiendo un documento como la inscrip¬
ción de Roseta, que sirviera de punto de apoyo, ha sido
preciso encontrar sobre las ruinas de la Persia, por una
conjetura sublime, lo que la ciencia moderna ha con¬
sagrado como el esfuerzo más maravilloso del espíritu
humano (2).
No me es posible en este momento exponer los traba¬
jos llevados á cabo para llegar á la interpretación de es¬
tas inscripciones, y las grandes dificultades que ha sido
preciso vencer; pero los últimos trabajos de Bopp, de
Speegel y Lepsius, no permiten dudar de la legitimidad
de las traducciones de los textos arios de las inscripciones
trilingües (3); así es que Bopp le ha dado lugar en su
Gramática entre los dialectos indo-europeos mejor cono¬
cidos.
(!) Discursos sobre las relaciones que existen entre las ciencias y la re¬
ligión revelada. Discurso 8."
(2) Menant. obra citada, pág. 29.
(3) Menant, obra citada, pág. i 11,
— 24 —
No es tan completo el conocimiento que lia podido
hasta hoy adquirirse de la lengua asiria, lengua indu¬
dablemente semítica, y que ocupa el último lugar en
las inscripciones trilingües de Persépolis; pero la prueba
hecha por la Sociedad asiática de Londres en 1857, nos
pone en el caso de asegurar, que las dificultades princi¬
pales están vencidas, y que si en algunos casos no son
completamente seguras las traducciones dadas por los
, asiriólogos, en aquellos en que están conformes, debemos
prestarles completo asentimiento (1).
Estos trabajos de interpretación de una lengua de que
no tenemos ni gramática ni diccionario, exigen, en los
que á ellos se dedican, grandes conocimientos de las len¬
guas que se supongan afines; pues en ellas es preciso
buscar las formas y el significado de las palabras cuya
lectura se vaya fijando: para las lenguas semíticas, nin¬
guna sirve tanto como el árabe, por ser, entre las co¬
nocidas de esta rama, la mas rica en formas gramatica¬
les; pues nos á da conocer en todo su desarrollo algunas,
que como la declinación y modificaciones del futuro han
casi desaparecido del hebreo y arameo, y otras, que como
V.
{{) La prueba hecha por la Sociedad asiática, á instancias de M Fox
Talbot. se redujo á presentar este, bajo pliego sellado, la traducción de una
larga inscripción de Tiglat-Piliser I, rey de Asiria, (reinaba en 1550, antes
de Jesucristo) proponiendo á los asiriólogos, ensayasen la traducción del
mismo texto: Rawlinson, Hincks y Oppert acudieron al llamamiento, pre¬
sentando, dentro del mes, la traducción correspondiente: la prueba fue de
lo mas sat : sfoctorio: se notaron las semejanzas y diferencias, y la Comisión
pudo convencerse de que la prueba era decidisiva: la inscripción trata de di¬
ferentes materias, pasando bruscamente de una á otra, y sin embargo, mu¬
chos pasajes fueron traducidos absolutamente del mismo modo por los cua¬
tro traductores; hubo otros en los que solo diferian en una palabra, en un
matiz, ó en una expresión mas ó menos feliz. (Menant, obra citada, pág. 244).
— 25 —
los plurales, llamados fractos por los antiguos gramáti¬
cos, internos por algunos modernos, solo aparecen en la
rama arábigo-etiópica, por haberse desarrollado esta
forma después de la separación de esta rama del tronco
semítico: tal es al menos la opinión de insignes arabis¬
tas y arsinólogos (1).
La importancia de este descubrimiento es tal para el
estudio de la historia en los primeros tiempos, que por
la lectura de las inscripciones asirias tenemos noticias
detalladas de muchos reyes, olvidados por espacio de
veinticinco siglos: se han ampliado las que se tenian
de otros, conocidos por los historiadores griegos, y se han
leido las conquistas de algunos, como Sargon, el vence¬
dor de Azdod y de Samaría, de quien no habia más no¬
ticia que la que nos daba un versículo de la Biblia; pu-
diendo decirse, que merced al descubrimiento de estas
inscripciones, podemos adquirir un conocimiento exacto
de la civilización, artes y aun ciencias de Nínive y Ba¬
bilonia, por haberse descubierto archivos y bibliotecas,
consignados, no en deleznables papiros, sino en ladri¬
llos, hacinados como los legajos lo están en nuestros ar¬
chivos.
Y por si os ocurriera la duda, de que todo esto haya
podido ser producto de un sistema ingenioso forjado por
hombres visionarios, os haré notar, que no ha faltado á
estos estudios la prueba de la contradicción: han sido
combatidos en son de burla y á nombre de la filosofía mas
(1) Essai sur les formes des pluriels atabes par M. Hartwing Derenbourg.
París. Imprimieric imperiale. 1867, pág. 13. Oppert. Elements de Grammaire
assirienne. Segunda edition, pág. 15 y 50.
4
— 26 —
radical. Renán se encargó de combatir los derechos que
la lengua asiria alegaba para ser considerada como se¬
mítica: en vista de las aserciones de Oppert, respecto
del semitismo de esta lengua, el autor de la Historia de
las lenguas semíticas, viendo consignados hechos que
derribaban por la base todo su sistema acerca del carác¬
ter de los hijos de Sem, salió al frente de los estudios
asirios, procurando atacar las partes débiles que pudiera
tener, tanto respecto de la lectura, como del carácter de
la lengua nuevamente descubierta; llegando á sentar,
en virtud de una inducción al parecer bien fundada:
«Que no habia lengua semítica en la que donde no se
expresase por ih:—á ó para por l:—todo por col: así el
descubrimiente de una lengua semítica, en la que donde
se expresase por ina:—á por ana:—todo por gab, sería
para el. filólogo un fenómeno casi tan difícil de admitir
como lo hubiera sido para Cuvier un carnicero de dientes
llanos ó un mastodonte alado (1).» En verdad, que la in¬
terpretación de los millares de inscripciones asirias vie¬
nen á trastornar las ideas que muchos, siguiendo á Re¬
nán, se habian formado de los semistas; pues siendo estos,
según la creación de los críticos, monoteistas por natu¬
raleza, enemigos de las artes plásticas, é incapaces de
organización (2) política complicada, viene la historia de
los imperios asirio y caldeo á destruir los tres pretendi¬
dos caractéres del semitismo. Así es, dice Menant, que
M. Renán ha comprendido bien, cuánto habia de con-
(1) Fournel des Savans. Abril, 1859, pág. 246.
(2) Histoire générale et systérae comparé des langues sémitiques par
Ernest Renán seconde édition, pág. 16.
— 27 —
vencional en su teoría y no ha querido publicar el se¬
gundo tomo de su obra. Era demasiado buen investiga¬
dor, dice Menant, para no sentir el gran vacío que se
hacía en un sistema en el que no podía incluir á los hi¬
jos de Asur (1).
Aun suponiendo con el Dr. Hincks que la lengua,
asiria esté llamada á representar entre las semitas el pa¬
pel que entre las indo-europeas ha cabido al sanscrit,
nunca el árabe perderá su importancia para el estudio de
la filología comparada; pues si en cuanto á las formas
gramaticales puede el asirio servir de lazo de unión en¬
tre unas y otras, haciendo menos marcado el antago¬
nismo gramatical que entre ellas ha querido marcarse,
el árabe como la lengua semita de mas larga vida, y
mayor desenvolvimiento lexicológico, será siempre la
clave principal para la comparación léxica entre ambas
familias.
Verdad es, que la escuela filológica-gramatical nin¬
gún caso hace de la semejanza de palabras, suponién¬
dola casual ó efecto de la onomatopeia, donde ésta es
muy marcada, y no reconociéndola donde hay que admi¬
tir el cambio de alguna letra; pero así como dentro de
la misma familia se han fijado las reglas de transfor¬
mación , y se admite por todos los filólogos identidad
de origen entre palabras como equus, latín , Ippos,
griego. —Sequor, lat. eppomai gri .-—-Misceo, lat. mig-
numi gri. —Mater, lat. meter, gri. mother, inglés. Mu-
ther, aleman. —Thugater, gri. Thochter, al. Daughter,
ing. Pater, lat. father, ing. Vater, ale. fadar, gótico .—
(1) Menant, pág. 206.
— 28 —
Frater, lat. brotber, ing. Bruder, al. t del mismo modo
puedan fijarse las reglas que bagan ver semejanzas, que
por nadie puedan ser puestas en duda.
Aunque no admitamos la identidad de las cuatrocien¬
tas raíces que comunes á las ramas semítica ó indo-eu¬
ropea nos presenta Bailbacbe(l), creo no puede en modo
alguno negarse la existencia en ambas familias de pa¬
labras que no pueden explicarse ni por la onomatopeia,
ni por la comunicación de unos pueblos con otros, ni
mucbo menos por la casualidad que nada explica. En
mi sentir, la comunidad de origen, ó al menos el con¬
tacto primitivo de las lenguas semíticas é indo-europeas,
no es un becbo reconocido plenamente por la filología,
porque se teme que esto sea una prueba mas en favor de
la revelación de la Biblia: muévennos á juzgar en cierto
modo de los móviles secretos de alguna escuela moderna,
el ver que llegan á sentar de un modo absoluto como lo
bace M. Cbavée (2), la imposibilidad de reducirlas á un
tipo común, cuando á lo sumo podría pretender, que
dado el estado actual de los conocimientos, no podía ase¬
gurarse procedieran de un mismo origen.
Aun afiliándose á la escuela puramente gramatical,
que ningún caso bace de la identidad de las palabras si no
encuentra analogía en las formas, podemos casi asegurar
la comunidad de origen de la rama semítica é indo-eu¬
ropea: las formas gramaticales mas importantes, segura¬
mente que son la declinación y conjugación. ¿Hay el añ¬
il) Trait d’union entre les deux grandes familles des langues aryennes
et semitiques par Louis Bailhache. París 1866.
(2) Bailhache, pág. 14.
— 29 —
tagonismo que se supone entre las lenguas llamadas de
aglutinación y las de flexión? Seguramente que no: son lo
mismo: la aglutinación, cuando llega á ser casi descono¬
cida por ser íntima la unión de unos elementos con otros,
constituye la flexión: la conjugación semita, no teniendo
mas que dos tiempos, no lia tenido que modificar tanto
como la indo-europea los afijos derivados de los pronom¬
bres, que en ambos sistemas, unidos ála raíz, constitu¬
yen esencialmente la conjugación: los elementos de la
déclinacion no son bastante conocidos ni aun en la rama
indo-europea (1); pero ambas convienen, si se tiene en
cuenta la declinación árabe y asiria de las inscripcio¬
nes mas antiguas, en añadir algo por el fin para indicar
los diferentes casos.
III.
Si el estudio de la lengua árabe es interesantísimo en
cuanto es un poderoso auxiliar para conocer mejor la his¬
toria de muchos pueblos en la Edad media, y propor¬
ciona no poca luz á la filología comparada, tanto para
descifrar las antiguas inscripciones fenicias, cartagine¬
sas , himiaritas, palmiranas, nabateas y asirías, como
para conjeturar en cuanto cabe las emigraciones de los
semitas en los primeros tiempos, antes que la historia
propiamente tal deje percibir su luz, para los españoles
tiene mayor interés; pues ya no se trata de conocer la
historta ajena, sino la propia, puesto que españoles como
(4) Eichhoff. Grammaire generale indo-europeenne, pág 55.
— 30 —
nosotros eran los naturales del Andaluc, tanto los . que
sufriendo á veces toda clase de vejaciones profesaban la
religión del Crucificado, como los que creian en la mi¬
sión divina del impostor de la Meca.
Los árabes españoles, participando con no poca gloria
de la cultura difundida en Oriente por la protección que
á las letras dispensaron los Abbasies, escribieron tanto
en todos los ramos, que es difícil formarse idea de su
prodigiosa fecundidad.
Ya antes fiemos creído oportuno citar á Abdo-l-Mé-
lik ben Habid Ac-Calemi, natural de Huetor cerca de
Granada, que en el siglo m de la Hegira escribió mas
de mil tratados sobre toda clase de asuntos: los autores
árabes en general, se distinguen por lo que pudiéramos
llamar su enciclopedismo: con la misma facilidad escri¬
ben de Teología, de Medicina, de Matemáticas y Astro¬
nomía, que de Historia y Filosofía.
No es nuesrto ánimo, ni cabria en los estrechos lími¬
tes que á ello pudiéramos dedicar, hacer una reseña de
la literatura arábiga en España: los poetas y poetisas
abundan tanto en la córte de los Califas de Córdoba, y
después en las de los reyes de Taifas, que muy bien pue¬
den compararse, bajo el aspecto poético, á la córte de
D. Juan II de Castilla.
La historia literaria de los árabes españoles, gracias á
las preciosas noticias que nos da Ebn Hazm en su célebre
carta y á las colecciones poéticas y diccionario de los
poetas españoles por Ebn Al-Abbar, nos pudiera ser mas
conocida que la de nuestros poetas del siglo xvi. Al que
quiera formarse una idea cabal de la poesía histórica,
lírica y descriptiva de los árabes andaluces y de los prin¬
cipales escritores en estos géneros, le remitiremos el eru¬
dito y concienzudo discurso leido ante el Claustro de la
Universidad Central por D. Leopoldo de Eguílaz y Yan-
guas, distinguido arabista y catedrático de Literatura es¬
pañola en la Universidad de Granada.
Lástima es, que no puedan publicarse la infinidad de
poesías españolas que se conservan en nuestras bibliote¬
cas, para que de este modo se salváran del olvido mu¬
chas composiciones, en especial lírico-descriptivas, que
según Casiri, por su composición, en nada ceden á las
odas de, Horacio (1).
Las ciencias naturales en todos sus ramos, sobre todo
la Medicina, si tal vez en el estado de adelanto á que
hoy pretenden haber llegado, no hicieran progresos no¬
tables con el estudio de los autores árabes, no dejarían de
conocer mucho mejor su historia, y al menos habría de
confesar la ciencia moderna, que muchos descubrimien¬
tos que pasan, y que tal vez en realidad, por haberse
olvidado, son modernos, fueron hechos por los árabes:
pero preciso es conformarse, por mas que sea sensible el
decirlo: por hoy y por mucho tiempo, los españoles tene¬
mos que prescindir de esplotar estos dos preciosos veneros
de nuestra historia íntima: gracias si podemos beneficiar
otra mina de mas fácil acceso, de donde si los extranjeros
y alguno que otro español han recogido preciosos datos
para nuestra historia, no deja de ofrecer aun ancho campo
(1) Casiri, tomo I, pág. 128. Recentiorum hactenus poetarum plures in
hoc códice occurrunt Odae quae ab Horatianis, si artificium spectes minime
sane abludunt.
— 32 —
á cuantos tengan la abnegación de dedicar sus vigilias
en obsequio de la historia pátria: esta mina es la historia
árabe propiamente dicha.
Sabido es de cuantos se han dedicado á las investiga¬
ciones históricas acerca de los primeros siglos de la re¬
conquista, lo escasísimas que son las noticias que nos
dan los cronicones cristianos.
Nuestros antepasados, en los dos primeros siglos de la
dominación árabe, apenas se cuidaron de consignar por
escrito las hazañas que á cada momento llevaban á cabo.
Es verdad, que Isidoro de Beja escribe su crónica en 754
dando muy buenas noticias de la primera época de los
árabes en España; tanto, que esto ha hecho suponer al
sábio holandés R. Dozy, fué compuesta en Córdoba (1);
pero parece ser, que la obra de Isidoro de Beja no fué co¬
nocida de los cristianos del norte, quizá hasta el si¬
glo xm; pues Sebastian de Salamanca, que compuso su
crónica en el reinado de Alfonso III, (866-910) se queja
de la incuria de sus antepasados, que desde S. Isidoro de
Sevilla nada habían escrito sobre la historia de España.
Por desgracia, con la incuria de los cristianos durante
los siglos viii y ix, coincide la primera época de la his¬
toriografía-árabe en que apenas se consignan por escrito
las tradiciones referentes á la conquista y estableci¬
miento del Califato de Córdoba. Dotados los árabes de
prodigiosa memoria para conservar las genealogías y las
fechas de los principales acontecimientos, no debieron
sentir la necesidad de consignar por escrito sus tradi-
(1) Recherches sur l’histoire politique et la litterature de’le’Espagne pen-
dant le mayen age. Tomo I, página 2.
33 —
ciones; ó mejor dicho, debieron consignarlas sin preten¬
siones literarias; pues según aparece del anónimo de
París, titulado Ajbar machmua, resulta que ya á fines
del siglo yiii se consignaron por escrito varias tradicio¬
nes que fueron coleccionadas en el xi. Del ya citado
Abdo-l-Mélik ben Habid Ac-Calemi muerto en 853, se
conserva algo relativo á la historia de España; pero solo
da noticias de escaso interés, quizá por haber tratado del
mismo asunto en alguna de sus muchas obras. Las ver¬
daderas fuentes para la historia de los árabes de España,,
son los historiadores de los siglos x, xi y xn.
En el siglo x se escriben multitud de diccionarios
biográficos de los katibs, teólogos, jurisconsultos y ka-
dies, y merced á la protección dada á las letras por
Abdo-Rahman III y Al-Haquem II, se manifiesta la ver¬
dadera historia con los Kagim ben Acbag, Razis, (Ah-
med ben Mohammad ben Muga) lia mado el historiado
por escelencia, y su hijo Iga, Ebn Abdo-Rabbihí, Ebn
Al-Kotiya, biznieto de Sara, nieta de Witiza, y Arib
ben Qaad de Córdoba.
Con la caida del califato, se abre una nueva era para
la historiografía árabe, inaugurándose su edad de oro:
los Ebn Hazm y Ebn Hayyan esceden á sus anteceso¬
res y no encontraron rivales en las posteriores. Hom¬
bres de talento, y sinceros amantes de la verdad, las
circunstancias y el estado político del país les llevaron
á consideraciones, que sus antepasados no estuvieron en
el caso de hacer, y además, tampoco hubieran podido
exponerlas: la tradición oral estaba aun viva, y con su
auxilio los escritores cordobeses del siglo xi pudieron
5
— 34 —
rectificar las relaciones parciales é incompletas de sus
serviles predecesores: Clientes de los Orne y jas como los
historiadores anteriores, si bien no lo dicen todo, se ve
en ellos mas franqueza, mereciendo mas fé cuando se
trata de las acciones y carácter de los príncipes omey-
yas, á quienes muchas veces nos presentan bajo un
punto de vista menos favorable: viviendo en una época
en que la antigua sociedad había sido transformada,
triunfando el principio aristocrático siempre en lucha
con el monárquico, separándose por fin las nacionali¬
dades heterogéneas con la fundación de los reinos inde¬
pendientes, los escritores del siglo xi fueron llevados á
la reflexión, comprendieron el verdadero sentido de las
turbulencias que no habían cesado de ensangrentar el
Andaluc y no limitándose á escribir la historia de una
sola familia, ensancharon el cuadro haciendo entrar en
ella todas las poderosas familias que habían concluido
por derribar el Califato de Córdoba.
Si se conservaran íntegras las obras de los historiado¬
res arábigo-españoles del siglo xi, Ebn Hazm, Al-Ho-
maidi, Ebn Hayyan, Abu-1-Walid ben Zaidun, Ebn
abi-l-Fayadh y Mohammad ben lea, rey de Silves des¬
tronado por Motacim de Sevilla, no solo la historia de
los árabes españoles, sino también la de los reinos de
Asturias y León, nos sería mas conocida que la de nin¬
gún otro pueblo de Europa en la Edad media: por des¬
gracia, no se conservan las obras puramente históricas
de Ebn Hayyan, Ebn abi-l-Fayadh y Mohammad ben
lea, y solo pueden suplir su pérdida las numerosas y
estensas citas que se encuentran en los historiadores pos-
35 —
tenores, de los siglos xn hasta el xvn, principalmente
Ebn Bacan, Ebn Jakan, Ebn Al-Abbar, Ebn Bascual,
Ebn Jaldun, Abn Aljátib y Al-Makkari (1).
En la gran escasez de noticias (pie nos proporcionan
los A. A. cristianos de los primeros y aun siguientes
siglos de la reconquista, y atendidas las exigencias de
la crítica de Masdeu y su escuela, mas descontentadiza
que crítica, apenas bay acontecimiento, sobre el que no se
baya sembrado la duda: gracias á los datos proporciona¬
dos por los historiadores árabes, se han aclarado muchos
puntos, cayendo en descrédito la crítica de Masdeu, que
suponía apócrifos casi todos los documentos cristianos
conservados en nuestros archivos: la reacción contra
esta escuela ha llegado al punto de pretender M. Schoe-
fer en su Geschichte Spaniens, que nada se habrá hecho
en tanto que Masdeu no baya sido refutado punto por
punto, del mismo modo que él ha combatido el Gesta
Roderici (2).
Dos gruesos volúmenes en octavo ha escrito el sábio
orientalista holandés M. Dozy , examinando con toda
clase de datos puntos oscuros de nuestra historia du¬
rante la Edad media: nos contentaremos con indicar li-
jeramente dos ó tres.
Masdeu y otros escritores, dando mucha fuerza al ar¬
gumento puramente negativo, de que en las crónicas de
(1) R. P. A, Dozy. Introducción al Bayano-l-Mogrib par Ebn Adhari (de
Maroc) et fracraens de la crónique de Arib (de Cordobe) le tout publie pour
la prendere fois, precede d’uneintroduction et accompagné de notes et d’un
glossaire, par R. P. A. Dozy. Leyde 1848 y 1851.
(2) Dozy.'Recherches, torao l, pág. 78.
— 36 —
Isidoro Pacence y de Sebastian de Salamanca no se hace
mención del C. D. Julián, pretenden que este personaje
no ha existido, y que forjado por la fábula en los siglos
anteriores al xii, pasó á la historia con la crónica del
monge de Silos: dando por sentado que los documentos
cristianos nada digan de D. Julián (1), nos compensan
plenamente de su silencio los A. A. árabes: cuantos ha¬
blan de la conquista del Andalug, mencionan la traición
de D. Julián, con la causa que á ello dió lugar; y si por
estar esta circunstancia referida por todos casi del mismo
modo, se quiere suponer que los unos han copiado á los
otros sin discernimiento, y que por tanto, son un solo
testimonio, añadiremos, que según Al-Becri, en el si¬
glo xi algunos puntos cerca de Ceuta conservaban aun
su nombre: por otra parte, M. de Slane asegura, que
en los anales de Adz-Dzahabi se encuentra un pasaje
curioso, del cual resulta que D. Julián tuvo un hijo
llamado Pedro ó Mélik Pedro, como le llamaban los
árabes, y que un nieto llamado Abd-Allah abrazó el
islamismo: no pasan en silencio las crónicas árabes la
deserción de los hijos de Witiza,[ que iban en el ejér¬
cito de D. Rodrigo, mandando Sisberto el ala derecha y
don Opas la izquierda: por la relación que de esto hace
el Ajbar machmua, parece que los hijos de Witiza no
se concertaron con los árabes, sino que abandonaron o
don Rodrigo, creyendo sería vencido, y quizá muerto, y
(2) Dozy pretende, y quizá con razón, que donde Isidoro de Deja dice
Urbani exorti, debe leerse Juliani exarchse, y que dependía de Constantino-
pla. Obra citada, pág. 67. Y Ajbar machmua, publicado por la Academia
déla Historia, pág. 150.
— 37 —
que vacante el trono, podrían ellos ocuparlo; pues el ob¬
jeto de los árabes, creian, era solo recoger botín (1).
No le bastó al Cid el haber sido el espanto de los mo¬
ros y la admiración de los cristianos de su tiempo, para
salvarle de los ataques de la crítica moderna, que no
solo había de poner en duda sus hazañas, sino hasta su
misma existencia, convirtiéndole en un mito; pero mer¬
ced á los documentos árabes, no caben ya en modo al¬
guno tales dudas, no solo respecto á su existencia, sino
ni aun en cuanto á los hechos mas importantes del hé¬
roe castellano.
Hallándose en Gotha el sábio holandés Dozy en 1844,
examinando los manuscritos de su rica Biblioteca, en
uno que el catálogo daba como fragmento de Al-Mak-
kari; encontró la primera parte del tomo tercero de la
Dzajira del Ebn Bacam, obra escrita diez años después
de la muerte del Cid: en esta obra se hallan noticias de¬
talladas sobre las hazañas del Campeador, de quien
el A. árabe dice: «Este hombre, la calamidad de su
tiempo por su amor á la gloria, por la prudente fírmezá
de carácter y por su valor heróico, era uno de los mila¬
gros del Señor: poco después murió de muerte natural
en Valencia: la victoria seguía siempre el pendón de
Rodrigo, á quien Dios maldiga: en diferentes encuentros
triunfó de los bárbaros (cristianos) combatiendo á sus
jefes, tales como García (Ordoñez, conde de Najera), lla¬
mado por burla Boca-torcida, al conde de Barcelona y
á Ebn-Radimir (rey de Aragón) (2).»
(1) Ajbar machmua, pág. 7 y 8 del texto.
(2) Dozy. Recherches, tomo II, pág. 24.
— 38 —
Comparando Dozy las detalladas noticias que nos da
Ebn Bacam con la crónica general, la Gesta Roderici y
demás documentos de toda clase, tanto árabes como cris¬
tianos, ha venido á deducir que merecen crédito casi en
todo, siendo indudablemente la Crónica general, en lo
que se refiere á cierta época del Cid, traducción de au¬
tor árabe contemporáneo, llegando con su acostumbrada
sagacidad hasta señalar con bastantes visos de probabi¬
lidad el nombre del autor árabe traducido por Alfonso el
Sábio: los tres capítulos en que Dozy distribuye sus es¬
tudios sobre el Cid, á saber: Fuentes, El Cid de la rea¬
lidad y El Cid de la poesía, artículos que llenan la mi¬
tad del tomo II de sus Reclierches sur VMstoire et la
litter ature des avales d'Espagne pendant le moyen age,
merecen ser leídos por cuantos quieran conocer la his¬
toria del Cid, y casi de la España en su época, y al
mismo tiempo admirar la laboriosidad conque los extran¬
jeros se dedican á investigar nuestra historia.
No han sido solo objeto de las investigaciones del sá¬
bio holandés los puntos de nuestra historia puestos en
duda en nombre de una crítica exigente por demás; háse
ocupado también de no pocos, que los sábios Florez y
Risco no han podido aclarar por no encontrar datos su¬
ficientes. El célebre Ebn Hayyan y Arib le han dado la
clave para aclarar no poco el reinado de Alfonso el IV.
Florez, (tomo XIX) viendo que en documento de 927,
don Sancho, hijo primogénito de Ordoño II, y hermano
de Alfonso IV, llama este año primero de su reinado, y
apoyándose en la autoridad de D. Rodrigo, según el
cual, D. Alfonso IV abdicó en el año 926, segundo de
— 39 —
su reinado, cree que D. Sancho sucedió á su hermano
Alfonso en el reino de Galicia, ya que D. Ramiro II fué
quien sucedió en el reino de León: esta explicación, que
no satisfacía por completo al mismo Florez, es inadmi¬
sible para su continuador Risco, que ha probado por me¬
dio de documentos, ser falsa la abdicación de Alfonso IV
en 927 y que no tuvo lugar al menos hasta el 931: con
las investigaciones de Risco se complicó la cuestión en
vez de aclararse; pues no cabia conciliación alguna, te¬
niendo en cuenta lo poco que de todo esto dice Sampiro,
único historiador original para esta época; pues se con¬
tenta con decir, que á la muerte de Fruela, II (925) le su¬
cedió su sobrino Alfonso, (IV) hijo de Ordoño II y que
mas tarde Alfonso se hizo monje, después de haber ab¬
dicado en favor de su hermano Ramiro II.
Un texto de Ebn Hayyan en Ebn Jaldun, confirmado
en alguno de sus extremos por Arib de Córdoba, escri¬
tor del mismo siglo x, dió la clave para salir del labe¬
rinto en que se habian perdido los sábios Florez y Risco.
Dice el texto de Ebn Jaldun:'—'«Dice Ebn Hayyan:
después de la muerte de Fruela (II) hijo (lege hermano)
de Ordoño (II), acaecida en 313, (925) su hermano, (so¬
brino, pues Alfonso era hijo de Ordoño II) subió al trono,
que le disputó su hermano Sancho, apoderándose de León,
una de las poblaciones principales del reino. Alfonso
tuvo por aliados á su sobrino (primo hermano) Alfonso,
hijo de Fruela (II) y su suegro Sancho, hijo de García,
señor de los vascos: habiendo ido juntos para combatir á
Sancho, fueron derrotados y se separaron: reunidos de
nuevo despojaron á Sancho, arrojándole de León: Sancho
— 40 —
huyó á la extremidad de Galicia, dando á su hermano
Ramiro, hijo de Ordoño (II), el gobierno de la parte oc¬
cidental de su reino hácia Coimbra. Sancho murió des¬
pués de esto sin dejar sucesión (1).»
Resulta del texto de Ebn Hayyan, que habiendo Al¬
fonso IV sucedido á su tio Fruela II, fué despojado del
trono por su hermano Sancho; pero gracias á la protec¬
ción de su suegro Sancho Garcés ó de su cuñado García
Sánchez y de su primo Alfonso, hijo de Fruela II, vol¬
vió á recobrar el trono, viéndose obligado D. Sancho á
retirarse á Galicia, donde debía tener mas partidarios.
De estas guerras nada dicen nuestros autores cristianos;
pero su silencio en nada puede debilitar el testimonio de
los árabes, tanto mas, que el Cronicón albendense en ri¬
gor nombra á D. Sancho como rey de León, nombrando
dos veces á su hermano D. Alfonso, bien que el editor
ha creído que sobraban dos versos, como lo manifiesta la
nota. Dúo Jii versus redundant . Dozy se ocupa después
en averiguar la fecha en que tuvieron lugar cada uno
de los sucesos mencionados, sirviéndose de los documen¬
tos conocidos por Florez y Risco, y cuya luz estos no
pudieron aprovechar. Casi todos los reinados de esta
época reciben mas ó menos luz de los documentos árao
bes, y el que tal vez, por mal entendido patriotismo,
quiera prescindir de los resultados obtenidos por el sábi-
holandés tantas veces citado, se expone como ha suce¬
dido á escritores respetables, á incluir en sus obras cosas
que desdigan del nombre del autor.
(1) Dozy. Recherches, tomo I, pág. 156.
—• 41 —
IAT.
El estudio de la lengua árabe tiene mayor importancia
por mas directa para los descendientes de aquellos mon-
' tañeses (salvajes al decir de los historiadores árabes) que,
acogidos á las escabrosidades del Pirineo central, salva¬
ron su independencia después de la desastrosa batalla
del Lago de la Janda, comunmente llamada de Guada-
lete, que pusiera fin á la monarquía de Ataúlfo y Reca-
redo (1).
Un ligero estudio de la lengua árabe es suficiente para
hacernos conocer una rama muy importante de la litera¬
tura aragonesa; pues si bien es verdad que para poder
gustar las bellezas de los poetas arábico-aragoneses de
que nos da cuenta el erudito Asso del Rio, y otros mu¬
chísimos de que se tiene noticia merced á la publicación
de los textos árabes; pues solo las existentes de los poe¬
tas tochibies, pertenecientes á la familia del primer rey
de Zaragoza, compondrían un tomo de regulares dimen¬
siones; si es verdad, repetimos, que para gustar sus be¬
llezas se necesitan conocimientos no fáciles de adquirir,
bastan pocos dias de trabajo para poder estudiar la lite¬
ratura aljamiada, que parece en ninguna parte se des¬
arrolló como en Aragón.
(1) La derrota llamada de Guadalete tuvo lugar, no junto á este rio, sino-
ai Lago de la Janda: véase en la Revista de España, tomo XI, pág. H y si¬
guiente, la carta sobre la Batalla de Vejer ó del Lago de la Janda, comun¬
mente llamada de Guadalete, por D. José y D. Manuel Oliver y Hurtado, al
Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo (de las Reales Academias Es¬
pañola y de la Historia).
— 42 —
Hasta los últimos años del siglo pasado, no se sabía
que los judíos y moriscos hubieran escrito en castellano,
pero con sus caractéres; así que, sin que á nadie pueda
hacerse cargo, tales obras pasaron por estar escritas en
lengua persa, bereber ó rabínica. Aunque la mayor parte
de los muchos escritos arábigos que de esta clase se en¬
cuentran, son obras de devoción para los moriscos, que,
aislados de sus correligionarios, desconocian ya su len¬
gua, no dejan de encontrarse obras puramente literarias,
siendo de advertir que casi todas ellas parecen perte¬
necer á moriscos aragoneses.
Al S. Ticknor debemos la publicación de algunas com¬
posiciones aljamiadas de esta clase: de las tres que pu¬
blicó, una es debida indudablemente á un morisco ara¬
gonés, natural de Rueda del rio Xalon, y las otras, si no
son debidas á moriscos aragoneses, en Aragón al menos
se encontraron (1). Cuántas de estas obras, preciosas por
mas de un concepto se han perdido, y se pierden aun en
nuestros dias, por no haber quien pueda apreciar su con¬
tenido, siendo así que quince dias de estudio serian muy
suficientes para poder entenderlas! Sino temiéramos abu¬
sar de vuestra indulgencia y traspasar los límites mar¬
cados á este discurso, insertaríamos algo de un códice en¬
contrado há pocos años cerca de esta capital, y escrito
con motivo de cierta reunión de honrados muslines ha¬
bida en Zaragoza en un dia de los siete del año veinti-
cinqueno (1525), como dice al principio; pero preciso se
(i) Historia de la literatura española por M. G. Ticknor, traducida al
castellano con adiciones y notas críticas por D. Pascual de Gayangos y don
Enrique de Vedia, tomo IV, pág. 247 á 331 y pág. 416 de las notas.
— 43 —
nos hace dejarlo para mejor ocasión en que podamos dar
noticia detallada de dicho códice, dando al público las
noticias algún tanto curiosas que contiene, á vueltas de
mil impertinencias (1).
Otro ramo de los estudios árabes, que también exigi¬
ría solo el estudio de pocos dias si hubiera quien ayu¬
dara á los aficionados en los primeros pasos, y que quizá
á nadie interesa tanto como á los aragoneses, es el estu¬
dio de la Numismática árabe.
Desde hace algunos siglos se vienen coleccionando
con afan las monedas romanas, que si pueden servir mu¬
cho para conocer el estado de las artes y la indumenta¬
ria en las diferentes épocas en que se acuñaron, poco
aprovechan para el estudio de la historia propiamente
tal; pues no dan á conocer mas que el nombre del em¬
perador, ciudad ó familia que las acuñó, alguna vez el
motivo de su acuñación y el año indirectamente por el
Consulado. Hoy el campo de los coleccionistas es mas
vasto, estendiéndose con predilección, á las monedas
celtíberas y de la Edad media, las cuales no nos pro¬
porcionan otra clase de datos que las romanas; no pu-
diendo muchas veces conocerse sino por conjeturas,
por quien fueron acuñadas, por no usarse entonces los
ordinales para distinguir los monarcas de un mismo
nombre.
Las monedas árabes casi siempre contienen mas datos;
(1) Este curioso códice, dte mas de cuatrocientos folios, fué encontrado
en Alcalá de Ebro: recientemente ha sido adquirido por nuestro querido
amigo y compañero D. Pablo Gil y Gil, quien entre las muchas preciosidades
antiguas de todo género que posee, podra enseñar á los aficionados esta
mas, que ha reunido en su museo.
— 44 —
pues escepto las acuñadas hasta Abdo-r-Rahmman III y
por los almohades, indican el año, la población y el
nombre del Califa, incluyendo muchas veces el nombre
del primer ministro ó hachib, y el del encargado de la
casa de moneda; pero en último resultado, las acuñadas
basta poco antes de la caida del Califato de Córdoba
tienen solo el interés común á todas, por cuanto la su¬
cesión de los Califas era conocida con exactitud: con el
establecimiento de los reinos independientes ó de taifas ,
se acuña moneda á nombre de los varios príncipes que
se apoderan del mando en Córdoba, Sevilla, Almería»
Murcia, Granada, Valencia, Toledo, Badajoz, Zara¬
goza, etc., reconociendo unos como los de Zaragoza, Tor-
tosa y Denia la soberanía espiritual del imbécil Hixem
II, muerto probablemente años antes, de quien se titulan
primeros ministros, reconociendo otros á Abd-Allab,
y habiendo por fin, quienes parece se conservan neu¬
trales, como declarando vacante la dignidad suprema.
La historia de esta época, confusa por demás aun
después de los trabajos del sábio holandés tantas veces
citado, solo puede aclararse por medio de las monedas;
pues los historiadores nos dan noticias poco detalladas,
y mas de una vez contradictorias entre sí: de los reyes
de Zaragoza, por ejemplo, ni aun sabemos los nombres;
pues la mayor parte de los autores árabes han hecho dos
personajes de'uno solo, segunda opinión de Mr. Dozy,
quien en la segunda edición de sus Reclierches admite
que solo buho un rey de la primera dinastía, y que el
asesinado en 1039 fuéMondzir, no su hijo: la existencia
de Mondzir como rey de Zaragoza en 1036, época muy
— 45 —
posterior á la en que se dice fué asesinado, es confirmada
por monedas árabes existentes en esta capital y desco¬
nocidas basta boj: de Culeiman ben Hud, fundador de
la segunda dinastía de nuestros reyes, dicen los histo¬
riadores árabes, alguno con duda, que murió en 1046,
y también tenemos monedas en que consta vivía en 1048:
son tantos los datos nuevos proporcionados por las pocas
monedas árabes de Zaragoza que bemos podido ver, que
no tememos asegurar, modifican bastante la sucesión de
sus reyes; si bien boy por boy, no puede con ellas esta¬
blecerse una sucesión diferente, por ser pocas las cono¬
cidas: la oscuridad que se observa en la sucesión de los
reyes de Zaragoza, existe igualmente respecto á los de
otros puntos: si se reunieran todas las monedas árabes
que existen en poder de los aficionados, no dudamos que
podría aclararse no poco esta parte de nuestra bistoria.
Pero no se cifra en esto el principal interés del estu¬
dio de la lengua árabe, sino que consiste en la influen¬
cia que debe tener en los estudios históricos sobre el
origen del reino que llamaremos pirenáico, por no apa¬
recer terciando en la debatida cuestión de aragoneses y
navarros sobre la tan ventilada prioridad.
Cuantos se han dedicado á esclareeer los orígenes del
reino pirenáico, convienen en la escasez de monumentos
pertenecientes á los dos primeros siglos, y en la poco se¬
gura fé que merecen los existentes, de los cuales, apenas
hay uno que baya podido pasar por original á los ojos de
la mas benigna crítica: es verdad, que poco importa que
un documento no sea original, con tal que aparezca como
copia hecha directamente y no por relación; pero por
— 46 —
desgracia, muchos de los documentos de nuestros mo¬
nasterios de San Juan de la Peña y San Salvador de
Leire, archivos del reino por mucho tiempo, están, áno
dudarlo, escritos por referencia ó copiados sobre los ori¬
ginales cuando estos eran apenas entendidos, en espe¬
cial las fechas, ó estaban mal conservados. Estos cargos,
que alguno podria creer inculpaciones lanzadas contra
tales documentos por la crítica moderna, pesan sobre los
mismos desde que fueron examinados por sus mas ar¬
dientes defensores; pues en los Moret, Briz Martínez y
los autores del Teatro histórico de las Iglesias de Ara¬
gón, á cada paso encontramos documentos en los cuales,
según confesión de los citados autores, la fecha está equi¬
vocada por haber puesto el copista una O, de mas ó de
menos; por haber tomado los años de la era por años de
Nuestro Señor Jesucristo, ó por haber agregado á la fe¬
cha del año una ó mas cifras correspondientes al mes ó
vice-versa. Estas suposiciones, admisibles en ciertos ca¬
sos, pero cuyos límites es difícil marcar, hacen que no
haya un documento, sobre todo de los que se refieren al
siglo vm y primera mitad del ix, cuyo valor no haya sido
casi negado por alguno .de nuestros cronistas, en el mero
hecho de haber supuesto que estaba equivocada la fecha.
Como los nombres délos personajes cristianos, reyes, con¬
des, obispos ó abades que en los mismos se mencionan,
se repiten con frecuencia, resulta que por el sincronismo
no puede resolverse la cuestión, como parecía natural,
tanto mas, cuanto la existencia de la mayor parte de
ellos, no podía probarse por otro medio directo La fecha
controvertida de alguno de estos documentos puede fi-
jarse, gracias á la mención que en él se hace de dos ára¬
bes semi-índependientes de Córdoba, personajes de los
cuales los A. A. árabes hablan con mas ó menos frecuen¬
cia. El documento en cuestión refiere la partición de los
términos del monasterio de Labasal calendándose del
modo siguiente: Facta carta in Acra dccccxxxi regnante
Rege Fortunio Garceanis in Pampilona et Comité Ga-
lindo Aznar in Aragone, Adefunsus in Gallecia , García
Aznarez in Gallias, Raimundus in Pallares, pagani
vero Mahomat Alenlupo in Valletierra et Mahomat Ata-
wel in Osea , Alias Dominus Bandas in Cenolio SS. Ju-
liani et Bassilisce de Balas sal: este documento aparece
confirmado por García Sánchez en la era 985, citando los
mismos personajes: la particularidad de que en un mismo
documento se mencionen los mismos magnates, supo¬
niéndolos en vida, j gobernando sus reinos, obispados y
monasterios por mas de cincuenta años, debia hacer des¬
confiar de tal documento, j no admitir por su sola auto¬
ridad ninguno de los puntos que de él pudieran recibir
confirmación; sin embargo, ha sido citado para probar va¬
rias cosas, que con toda seguridad podemos decir son
falsas.
Moret quiere que se refiera al llamado Fortuno Gar-
cés I, y que al copiar el documento se puso una C
de mas (1).
El P. Huesca le cita para probar que hácia el año 947
era wali de la ciudad sertoriana Mahomat Atawel (2):
(1) Moret. Investigaciones históricas sobre la antigüedad del reino de Na
varra. pág. 382.
(2) Teatro histórico de las iglesias de Aragón, tomo V.
48 —
esto mismo repite el Sr. D. Cárlos Soler y Arqués en
su Huesca monumental, pág 85.
Estas interpretaciones y otras que de ellas se derivan,
caen por su base teniendo en cuenta la época en que vi¬
vieron los dos gobernadores árabes mencionados en el do¬
cumento, el cual, con la concurrencia de los persona¬
jes citados, solo puede admitirse en la primera parte
sin enmendar la fecba como quiere Moret: veamos la
prueba.
De Mahomat Abenlupo, pocas noticias bemos podido
encontrar en los autores árabes: Ebn Hayyan, según
Dozy, dice de Mabommad ben Lope, nieto del gran
Muca II, que en 874 ú 884 se vid obligado á vender la
ciudad de Zaragoza á Raimundo, conde de Pallas, bien
fuera por falta de dinero ó por la imposibilidad de defen¬
derla contra el poder del Sultán (1).
Ebn Adzari dice, que en el año 897 estando Lupo ben
Mobammad en Cástulo, le llegó la noticia de la muerte
de su padre Mobammad ben Lupo (2).
Las memorias de Mobammad At-Towail no son decisi¬
vas respecto del punto discutido; pero están muy lejos
de contradecir las consecuencias que de lo anterior pue¬
dan y deban deducirse: encontramos mención de él en el
mismo Ebn Adzari, pág. 47 á 54, y en los años de 906
al 911, en cuya época Mobammad ben Abdo-l-Mébk
At-Towail se apoderó de Barbastro, Alquezar y Boltaña
(1) Recherches, tomo I,‘pág. 227.
(2) Dice literalmente, tomo II, pág. 143, líneas 6 y 7. Y le llegó (á Lope
ben Mohammad), en el mismo año (285 de la Ilegira—897), la muerte de
su padre Mohammad ben Lope estando sitiando á Zaragoza.
— 49 —
en 906: de Monzon y Lérida en 907: de un Rueda ó
Roda en 908, y también del castillo de Monte-pedroso:
en 909 se apodero de tres castillos, cuyos nombres apa¬
recen oscuros: en 910 pretendió dirigirse á Pamplona
y reunirse allí con Abd-Allali ben Moliammad ben
Lupo: después se dirigió al valle ó rio de Barcelona, ha¬
ciendo una incursión en el de Tarrega,* donde le salió, al
encuentro el rebelde Sumario, y prestando Allab su pro¬
tección á los muslimes hicieron gran matanza en los
cristianos.
Resulta pues de la concurrencia de Mohammad ben
Lupo, el cual reinaba en Valtierra cuando Fortún Gar-
cés hizo la demarcación de los términos del monasterio
de Labasal, que no pudo ser después del 897, año preci¬
samente que marca por dos veces el documento; ni mu¬
cho antes, ya que el gobierno de Mohammad At-Towail
se prolonga hasta el 911 al menos: resulta, además, que
si bien es posible que el llamado por algunos García Iñi-
guez II y su esposa D. a Urraca fueran sorprendidos por
Mohammad ben Lope y Mohammad At-Towail, en modo
alguno pudo Sancho Garcés, el Ceson, arrojar del valle
de Tena (de Valtierra en su caso) á Mohammad, muerto
ocho años antes de que fuera conocido y entrára á reinar
el postumo de García y D. a Urraca, como quieren gene¬
ralmente nuestros historiadores, á quienes sigue el mas
moderno de todos, D. Bartolomé Martínez (1).
Las noticias esparcidas aquí y allá en los autores ára¬
bes, no solo sirven para aclarar hechos aislados , como
(1) Sobrarbe y Aragón, por D. Bartolomé Martínez, tomo I, pág. 342.
7
— 50 —
el que acabamos de citar y la prisión de Fortún Gar-
cés (1), sino que pueden dar luz sobre toda la historia
primitiva del reino pirenáico.
Cuantos autores se ban ocupado de la historia de Ara¬
gón y Navarra, han confesado explícita ó implícitamente
la falta de luz para los primeros tiempos en especial;
y si dando crédito á la tradición vaga y confusa que de¬
biera existir en los monasterios de Leire y S. Juan de
la Peña, han admitido la existencia de los cuatro prime¬
ros reyes antes de Iñigo Arista, se han visto en la nece¬
sidad de defender su existencia contra los ataques de la
crítica, con documentos que no tenemos inconveniente
en calificar de insuficientes, y que al mismo Briz Mar¬
ti) La prisión de Fortún Garcés, es admitida por unos y negada por otros,
por cuanto su permanencia en Córdoba, por espacio de veinte años, parece
estar en contradicción con los documentos cristianos existentes: no preten¬
demos que las noticias dadas por los autores árabes sean infalibles; pero
se deben tener muy en cuenta siempre que de un modo expreso afir¬
men un hecho: respecto á este punto, nos concretamos á traducir lite¬
ralmente lo que dicen Ebn Adzariy Al-Makkari. Dice el primero: «En el año
246 (830 de Jesucristo) el Emir Mohammad ben Abdo-r-Rahman envió de ex¬
pedición contra el territorio de Pamploua á uno de sus jefes, el cual salió en
esta expedición con salida, que no hubo antes otra igual en la multitud y
abundancia, lo completo del número, y la manifestación del miedo; pues
García estaba entonces confederado con Ordoño, señor de Galicia: este jefe
permaneció subyugando la tierra de Pamplona, recorriéndola por espacio
de 32 dias: destruyó las moradas, arrancó sus frutos, conquistó alquerías y
castillos; se apoderó, entre otros, del de Caxtil, en el que hizo prisionero á
Fortún, hijo de García, conocido por el iracundo: le llevó á Córdoba, donde
permaneció prisionero cerca de veinte años: el Emir le envió á su país: For¬
tún vivió ciento veinte años, página 99, línea 20, ó página 100, línea 6.»
Al-Makkari dice: «En el año 47 (247 de la hegira.—861 de Jesucristo) envió
Mohammad una expedición hacia las partes de Pamplona: su rey era enton¬
ces García, hijo de Iñigo, que estaba confederado con Ordoño, hijo de Al¬
fonso: ocasionó daño (Mohammad) en el territorio de Pamplona, y se volvió
después de haberla subyugado y conquistado muchos de sus castillos: hizo
prisionero á Fortún, hijo de su rey (de Pamplona). García permaneció pri¬
sionero en Córdoba veinte años. Editionde Leiden, tomol, pág. 225, lín. 23.»
— 51 —
tinez no podían hacer gran fuerza, ya que en cada uno
de ellos reconoce los puntos débiles, bien pretendiendo
que la fecha está equivocada, ó que el escribiente aña¬
did algo de su invención. ¿Quiere esto decir, que pueda
asegurarse no existieron tales reyes, capitanes, ó como
se les quiera llamar? Nos parece que la crítica, al resol¬
ver de un modo terminante esta cuestión, procede de li¬
gero: ya que nos hemos permitido abandonar á nuestros
concienzudos historiadores, que reconocían «ser obscuras
todas las séries de reyes y que debíamos esperar que el
tiempo, como descubridor de las cosas, desterrara las ti¬
nieblas, y con una luz superior mostrara la verdad (1):»
también nos será permitido tratar de invalidar las razo¬
nes con que la crítica moderna cree haber probado que
ni existieron, ni pudieron existir reyes de Aragón ó Na¬
varra hasta mitad del siglo ix.
Dos clases de enemigos tiene la historia de los primi¬
tivos tiempos de Aragón: unos ponen solo de manifiesto
la debilidad de las pruebas aducidas por los aragoneses
y navarros, limitándose á destruir, y aseguran quenada
puede edificarse sobre los escombros que ellos amonto¬
nan: otros, poniendo á su servicio una profunda erudi¬
ción, se proponen conducirnos al través del intrincado
laberinto de nuestra historia, construyendo un nuevo
edificio con materiales no aprovechados hasta ahora, y
alguno que otro recogido de entre los escombros del an¬
tiguo edificio, que ellos han contribuido á derribar: á la
primera clase pertenecen, que nosotros sepamos, los se-
(1) F. Lamberto. Teatro histórico crítico de las Iglesias de Aragón, tomo
II, núm. 55.
— 52
ñores Lafuente (D. Modesto), D. Antonio Cabanilles y
otros, constituyendo la segundadlos hermanos D. Ma¬
nuel y D. José Oliver y Hurtado.
Si los primeros se limitaran á descubrir la parte débil
de nuestra historia sin exagerarla, nada tendríamos que
decir contra ellos, nosotros que confesamos, si se quiere,
hasta la nulidad de las pruebas alegadas en favor de
la existencia de los reyes anteriores á Iñigo Arista:
en especial el Sr. Cabanilles procede con tal lijere-
za (1), que no creemos deber pasar en silencio ,el nin¬
gún valor de alguna de sus objeciones; siquiera sea
para que nuestros alumnos estén prevenidos, y ya que
su obra es muy consultada por ellos, no le presten la
fé ciega que para nosotros tuvo, cuando por primera vez
la leimos; llegando á creer que muchos de nuestros do¬
cumentos eran fingidos; pero con tan poca habilidad,
que era preciso cerrar los ojos á la luz, para no haber
descubierto la impostura, lo que hacía muy poco ho-
(1) Como prueba de la incalificable lijereza con que mas de una vez
procedía el ilustre académico, citaremos lo que dice al hablar del Croni¬
cón del Pacense «Dozy, dice, le atribuye á San Isidro, que había muerto
antes de la invasión, suponiendo que en vez de Isidorus Hispalensis leyóse
abusivamente Isidoras Pacensis, manera fácil de alterar todos los nombres
y subvertir todos los sucesos,» tomo I, pág. 430. Imposible nos parecía pu¬
diera incurrir en tal anacronismo, quien como Dozy se había dedicado por
espacio de tantos años al estudio de nuestra historia; pero no podíamos salir
de la duda, ya que el Sr. Cabanilles no indicó en cuál de sus oteas había
cometido tal error el sábio historiador holandés: leyendo después de nuevo
un capítulo de M. Dozy sobre la Crónica de Isidoro de Deja, nos convenci¬
mos de que el Sr. Cabanilles había leído de corrida la primera página de di¬
cho capítulo en que efectivamente supone la sustitución de Pacensis por
Hispalensis, aunque no en el sentido que le atribuye, sino para indicar que
no consta de un modo indudable que el autor de la crónica sea un Isidoro
Obispo de Beja.
— 53 —
ñor á la perspicacia de los Zurita, Blancas, Sandoval,
Moret, Yanguas y otros muchos.
Prescindiendo de las consideraciones generales con
que combate las exageraciones de los historiadores na¬
varros y aragoneses que dan las noticias mas minucio¬
sas sobre los primitivos reyes y sobre la organización
política que á sus reinados atribuyen, y que es propia de
siglos mas adelantados, nos fijaremos en tres cargos mas
concretos, con los que como otros tantos aristes, preten¬
de demoler por completo los fundamentos de credibili¬
dad de toda nuestra historia en los primeros siglos.
Dice como prueba de las>absurdas fábulas inventadas'
en Aragón y Navarra: «¿Quién quitará á los navarros
la gloria de haber hecho prisionero á Abderrahmen I?
¿Quién á los roncaleses que llevan la cabeza del Califa
en su bandera, la gloria de que una moza de sus mon¬
tes matase á este perro moro, que sin embargo murió
tranquilamente en su palacio de Córdoba?» (1)
Si bien es verdad, que según Moret, la expedición ó
expediciones mencionadas en el llamado privilegio de
los roncaleses se refieren á la época de Abdo-r-Rah-
man I, es preciso tener en cuenta, que pocos refieren á
ella los acontecimientos tan vaga y confusamente men¬
cionados en el privilegio, y que parece mas admisible
con Oihenart, que deban referirse al año 922, y por con¬
siguiente, ya no hay en todos la pretensión de que el
muerto sea Abdo-r-Rahman I.
Creemos, que el pueblo roncalés, si se gloría de haber
(1) Historia de España por D. Antonio Cabanilles, de las Reales Acade¬
mias de la Historia y de Ciencias morales y políticas, tomo I, pág. 414.
muerto á algún príncipe moro, á no haber tomado la
tradición de los historiadores posteriores al siglo xv, no
asegurará que sea Abdo-r-Rahman I, y si ahora lo cree
así, depende de que, admitida la tradición por los histo¬
riadores, refiriendo estos los hechos mencionados por el
privilegio á la época de Abdo-r-Rahman I ó III, tenian
que admitir fuera el muerto uno de estos, por cuanto
no les ocurría una observación, que conocida mejor la
historia árabe y aun los equívocos de su lengua, nos
parece muy natural: nuestros historiadores antiguos en
general, llaman reyes moros á los jefes que mandaban
las expediciones y á los gobernadores de las ciudades,
aunque no hubieran negado la obediencia al Califa de
Córdoba: así Jaca se gloría de haber muerto á los piés
de sus muros cuatro reyes moros, cuyas cabezas coloca
en su escudo, como mas tarde Huesca, después de la
batalla de Alcoráz, hace lo mismo con idéntico motivo;
y claro es, que ni una ni otra ciudad pudieron tener la
pretensión de haber dado muerte á cuatro reyes, enten¬
dida esta palabra en el sentido que hoy tiene; pues el,
suceso de los primeros se refiere á una época en que la
España musulmana obedecia á un solo rey, y los de
Huesca sabian muy bien, que peleaban contra el poder
del rey de Zaragoza, auxiliado por tropas enviadas por
el rey de Castilla: si la palabra rey, conservada en las
tradiciones de ciertos pueblos tiene diferente significado
que antes, será una falta de exactitud de lenguaje, im¬
putable mas á nosotros que á los antiguos.
Continuando en sus cargos el Sr. Cabanilles, dice
página 415: «¿Quien presta fé á la antigüedad que se
— 55 —
supone á los epitáfíos de S. Juan de la Peña, computa¬
dos por la era española, calculados en números árabes,
y mencionando edificios que no existieron hasta siglos
después?» Al leer por primera vez estas pocas líneas,
creimos ser de todo punto imposible volver sobre la cues¬
tión; pues no podíamos figurarnos, que los gravísimos
cargos lanzados contra las inscripciones sepulcrales de
San Juan de la Peña lo hubieran sido con tanta lijereza:
para convencernos de ello, bastará citar muy pocas pa¬
labras del P. Huesca dirigidas á Masdeu y que pueden
aplicarse cuantos repitan sus infundados cargos, sin to¬
marse la molestia de leer á los que á Masdeu contesta¬
ron, y antes que á Masdeu, al maestro lepes, de quien
aquel lo tomara, y de cuya equivocación había ya pre¬
venido al público el P. Moret.
«Masdeu, dice el P. Huesca, arma toda su crítica con¬
tra las inscripciones que en el siglo xvi escribid en un
cartapacio Fr. Juan Baranguás, más para dar noticias
de los personajes enterrados en S. Juan, que con la pre¬
tensión de que fueran inscripciones sepulcrales, de las
cuales, solo tres pueden verse por la disposición en que
están los sepulcros: las verdaderas inscripciones, ni tie¬
nen números arábigos, ni la era española, como supone
Masdeu, tomándolo de las inscripciones de Fr. Juan de
Baranguás (1).»
El tercer cargo que á nuestra historia se hace, parecerá
sin duda mas grave á muchos, que dan á los argumen-
(1) Teatro histórico de las Iglesias de Aragón, tomo VIII, pág. 395 y si¬
guientes.
— 56 —
tos negativos, como dice Dozy, mas fuerza de la que en
buena crítica les corresponde.
«¿Callarían, dice, los escritores coetáneos? ¿No dirían
que se habían erigido estos reinos, que tenían una série
reconocida de reyes, el Yiclarense, el Pacense, D. Se¬
bastian, el monge de Silos, el de Albelda y todos los es¬
critores casi contemporáneos al suceso? Si hubiera en
tiempo de Alfonso III el Magno mas reinos que el de As¬
turias y el califato, ¿diría este rey, hablando de la for¬
tuna con que el gobernador de Toledo, Muzá, ocupó á
Zaragoza, Tudela, Huesca y otros pueblos, que hinchado
de orgullo mandó ser llamado por los suyos el tercer rey
de España? Tertium Tegem (1).»
Este argumento negativo del silencio de los autores
citados, nada prueba, ó si prueba algo, es que tampoco
consta la existencia de Pelayo, pues el Pacense, contem¬
poráneo de Pelayo, Favila y Alfonso I el Católico nada
dice de ellos, siendo posterior en mas de un siglo el pri¬
mer autor cristiano.que de ellos hace mención: además,
como el cronicón de D. Alfonso el Magno llega á 866,
resultaría que sin razón admite el mismo Cabanilles el
reinado de Iñigo Arista, que debía haber muerto en 866,
ó al menos, años antes reinaba ya su hijo García Iñiguez,
teniendo hijo ó hijos de mayor edad, según el testimonio
de los autores árabes (2).
Además, si las palabras Tertium Regem del cronicón
de Alfonso III han de entenderse en el sentido de que no
hubiera mas que dos reyes en España, ¿sería posible que
(1) Cabanilles, obra citada, tomo I, pág. 415 y 416.
(2) Al-Makkari, texto citado anteriormente.
— 57 —
Muca II, y mucho menos el I, estuviera casado con la
hija del rey Iñigo Arista, como dice el Sr. Oliver, si¬
guiendo la autoridad del códice de Meya? ¿Por fin, no
existiría el condado de Barcelona, que para los árabes era
tan reino como el de Galicia, como ellos llaman al de
Asturias y León? Resulta, por tanto, que si el razona¬
miento del Sr. Cabanilles tiene alguna fuerza, á fines
del siglo ix no habia mas estados independientes en Es¬
paña que el de Astúrías, el de Córdoba y el fundado
por Muga II.
Los hermanos Oliver y Hurtado (1) no se limitan á
manifestar lo viciado de algunos documentos de nuestra
historia y la falsificación de otros como el llamado Con
firmacion de la Carta de Álaon por Cárlos el Calvo; sino
que, destruidas casi todas las afirmaciones de nuestros
cronistas respecto al siglo vm y principios del ix, inten¬
tan establecer con los datos tomados de los autores fran~
eos y los que suministra el códice de Meya, la historia
de Aragón y Navarra en los siglos vm, ix y x.
De la primera parte se encargó D. José Oliver en el
discurso de contestación; y es preciso confesar que, des¬
pués de su erudito y concienzudo trabajo, no cabe ya ci¬
tar la Carta de Alaon en apoyo de alguna de las muchas
cuestiones que parece se propuso resolver con su ficción
el digno émulo de Fr. Román de la Higuera, D. José
Pellicer y Tovar. M. Rabanis fué quien primero puso de
manifiesto la falsificación de dicha Carta (2), sin que pu-
(1) Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción
pública de D. Manuel Oliver y Hurtado el dia 8 de Abril de 1866.
(2; Les Mérovingiens d’Aquitaine. Essai historique et critique sur lá
Charte d’Alaon par M. Rabanis. Burdeos 1841. Segunda edition, París, 1856.
8
— 58 — •
diera dar con el falsificador, que á no dudarlo, fuó el
mencionado Pellicer, según prueba el ilustrado aca¬
démico.
Como el demoler es muclio mas fácil que el edificar,
si los hermanos Oliver llenaron perfectamente la primera
parte de la obra que se habian propuesto, nos parece que
no anduvieron tan acertados en la segunda, llevada á
cabo principalmente por D. Manuel en su discurso de re¬
cepción: en él se propone averiguar la forma, tiempo y
circunstancias en que hubo de verificarse el nacimiento
del reino de Pamplona.
El Sr. Oliver (1), citando al Sr. Muñoz y Romero dice:
«Las luchas que mantuvieron sus habitantes (los de las
montañas del Pirineo) con sarracenos, asturianos y fran¬
cos, y el modo de hacerles guerra , prueban que vivian
de la misma manera después de la invasión de los ára¬
bes, que lo habian hecho anteriormente los vascones por
espacio de algunos siglos. Tribus guerreras eran y tri¬
bus guerreras continuaron después déla irrupción.» En
estas últimas palabras del Sr. Muñoz y Romero, pueden
sintetizarse las ideas del Sr. Oliver respecto de los mon¬
tañeses del Pirineo desde su parte mas occidental hasta
el condado de Ribagorza.
¿Hay bastantes datos para asegurar que los habitantes
de estas montañas formaban un Estado? No. ¿Los hay
para asegurar, como quiere el Sr. Oliver, que eran tri¬
bus aisladas? Mucho menos; pues quizá tengamos datos
en contra.
El Ajbar machmua y Al-Makkari dicen efectiva-
(1) Discurso citado, pág. 7.
— 59 —
mente qne D. Rodrigo al presentarse los árabes, estaba
ausente de la córte combatiendo á Pamplona, por árduo
asunto que le había ocurrido en aquella comarca. Prueba
esto ni remotamente, como pretende el Sr. Oliver, que
los vascones, entendiendo por tales los de Aragón y
Navarra, resistieron el dominio de los godos basta que
sonó su hora postrera en la Península? Nos parece que
no; pues muy bien podian los vascones haberse confor¬
mado con el dominio de los godos, y por motivo de algún
árduo asunto, que con Rodrigo les ocurriera, sublevarse
los de Pamplona, sin que por esto pueda decirse que fue¬
ran tribus aisladas.
Después, de la entrada de los árabes, encontramos que
los vascones de Pamplona y los de Afranch, cuyo nom¬
bre es muy vago, se rebelan con frecuencia, ó por me¬
jor decir, los autores árabes hacen mención repetidas
veces de expediciones contra Pamplona y los vascos en
general: así, de los de Pamplona consta, que en 755 des¬
trozaron las tropas que contra ellos enviara Yucuf (1):
ni de estas expediciones ni de las posteriores puede de¬
ducirse que fueran tribus aisladas; pues si los autores
árabes no mencionan el centro de esta resistencia, será
solo un argumento negativo, que lo mismo podría apli¬
carse á la restauración de Astúrias; pues generalmente
tampoco indican el centro de la resistencia en este punto.
De las tres expediciones que los francos hicieron á
España, quiere el Sr. Oliver deducir su tésis de la se¬
paración de las tribus, que unas reconocían la suprema¬
cía franca, rechazándola otras; y hasta se atreve á fijar
(1) Ajbar machmua, pág. 77.—Ebn Adzari, tomo II, pág. 45.
— 60 —-
quiénes pertenecían á los unos, quiénes á los otros; al
menos señala como partidarios del protectorado franco al
C. Aznar Galindez, y como enemigo á Iñigo Arista, con
sus yernos García Malo y Muca, señor de Borja y Ter¬
rero , á quien algunos, dice, confunden con su padre
Muza ben Fortun.
Las tres expediciones de los francos á Navarra, en 777
con Cárlo Magno, en 812 con Ludóvico Pío y en 823
con los condes Eblo y Aznar, aparecen tan oscuras en
sus causas y en sus efectos, que nada seguro puede de¬
ducirse de ellas en cuanto al estado de los vascones: de
ninguna de las tres puede casi decirse otra cosa, sino que
fueron desgraciadas para los francos, sobre todo la pri¬
mera y tercera. En la segunda, Ludóvico Pío penetró
basta Pamplona, donde permaneció, según los autores
francos, el tiempo que tuvo por conveniente, que parece
nofuémucho: poco sumisos estarían los vascones, cuando
solo procediendo con mucha cautela pudo Ludóvido evi¬
tar que se repitiesen las escenas de Roncesvalles.
Verdad es, que el Sr. Oliver, al referirla expedición
de Cárlo Magno en 777, habla de «la formidable confe¬
deración de los gobiernos y pequeños señoríos del Piri-
ueo, que en unión con otros descontentos amenazaron el
erino de Abdo-r-Rahmman I, llamando en su auxilio el
poderoso brazo del gran monarca de la cristiandad, Cárlo
Magno (I), que hubo que volver atrás sin recoger mas que
prendas y rehenes, entregados en garantía de vasallaje
por los gobernadores árabes y los señores cristianos ó je¬
fes de las tribus diversas, asentadas en aquellas regio-
(1) Discurso citado, pág. 11.
—• 61 —
nes.» Del testimonio de los autores árabes y francos,
consta que Cárlo Magno fué llamado á Zaragoza por los
árabes: quienes fueran estos, no consta; pues los francos
mencionan á Ebn Alarabi y Abu Tbaur, de quien nada
dice el Ajbar macbmua, que en cambio parece indicar,
(pues Dozy no se muestra seguro de la inteligencia del
texto) (1), que con Ebn Al-Arabi estaban en conniven¬
cia Abdo-r-Rahmman ben Habib, que se rebelo en Mur¬
cia antes de tiempo y su cuñado Abu-l-Al-Acwad, hijo
de Yucuf: de los tres jefes de la conspiración, Abdo-r-
Ralimman ben Habid fué muerto antes de la entrada
de Cárlo Magno: de Abu-l-Al-Acwad, nada se sabe,
no apareciendo clara, ni aun después de la publi¬
cación de los textos árabes, la conducta de Al-Arabi:
el único señor cristiano á quien Dozy bace intervenir en
esta guerra, es un liijo de Belascot ó Velasco, en cuyo
territorio acampó el Emir después de devastar á Pam¬
plona y Coliure, y de recorrer el país de los vascos y la
Cerretania: y aun este Gralindo, bijo de Belascot, hay
tan poca seguridad fuera de los coaligados contra Abde-r
r-Rabmman I, que el mismo Sr. Oliver solo lo dice bajo
la autoridad de Mr. Dozy, quien no nos dice de dónde
lia tomado la noticia, añadiendo el Sr. Oliver: «Lo indu¬
dable es, que este (Abde-r-Rabmman I) le tomó un
bijo en rehenes, concediéndole la paz y obligándole al
pago del impuesto personal.»
Un solo texto se nos ocurre que puede decir algo en
favor del aislamiento é independencia de las tribus en el
(1) Dozy. Histoire des musulmans d’ Espagne jusqú á la conquete de
1’ Andalousie par les Almorávides, tomo I, pág. 378.
— 62 —
Pirineo: refiriendo Ebn Adzari la expedición por la que
según Al-Makkari, Bermudo (Alfonso el Casto) pidió
ayuda al rey de los vascos, en el año 794, dice: «En el
año 179 (795) el imán Hixem ben Abdo-r-Rahmman en¬
vió en la expedición de verano á Abdo-l-Carim ben
Mogueits que llegó á la ciudad de Astorga, en el in¬
terior de Galicia: llególe la noticia de que Alfonso Ba¬
bia reunido ya las tropas de su país, y Babia pedido au¬
xilio d los vascos y al pueblo de estas comarcas, que
están inmediatas á él, de los almagos y otros.» (1).
Constante en su empeño de probar la existencia de
tribus aisladas y dar autoridad al códice de Meya, el au¬
tor tantas veces citado refiere la expedición de Muca II,
á quien solo por la autoridad del mencionado códice Bace
cuñado de García Malo, y ámbos yernos de Iñigo Arista (2);
aunque lo de Muca, señor de Borja y Terreros deba refe¬
rirse al Muca ben Fortun, según Mr. Dozy (3), y lo de
García, con quien Muca liizo alianza ofendido con el
Sultán después la expedición á Barbitania en 840, lo
refiere al rey de Pamplona. «Abdo-r-Rafimman, dice, salió
para sitiar al rebelde dentro de Tudela, y envió á su Bijo
MoBammad con un ejército que se adelantó Basta Pam¬
plona, trabando recia batalla con los cristianos venidos
á su encuentro, y matando al mismo García, que en per¬
sona los comandaba y era de los más grandes reyes ó se¬
ñores que Babia entre ellos (843, 844)». Dozy, á quien
se refiere el autor, nada dice de la muerte de García,
quizá porque Baya creído merecen mas autoridad Nowairi,
(1) Ebn Adzari. tomo II, pág, 66, lín 7 á 11.
(2) Discurso citado, pág. *24.
(3) Recherches, tomo I, pág. 222 (3), pág. 223.
— 63 —
Ebn Jaldun y Ebn Adzari á quienes se refiere que Al-
Makkari, que será, suponemos, el único que la menciona,
aunque no con las palabras arriba copiadas, sino con
otras esencialmente diferentes en cuanto á la cuestión
que se debate: dice así, traducido literalmente: ce Y en
el año 29 (229 hegira, 843), envió (Abdo-r-Rahmman) á
su hijo Mohammad con los ejércitos, y se adelantó hácia
Pamplona: venció (Mobammad) á los infieles que había
en ella, y fué muerto García, señor de ella (de Pam¬
plona): era él, de los mas grandes reyes de los cris¬
tianos» (1).
Lo dicho hasta ahora nos autoriza para sentar, que del
primer siglo de nuestra restauración poco ó nada puede
decirse. Si la generalidad de nuestros historiadores, que
con mas ó menos modificaciones no han hecho mas que
transcribir en sus libros lo consignado en la llamada
Historia Pinnatense, siempre que sus relatos no les han
parecido sobradamente absurdos, han dado demasiado va¬
lor á tradiciones no muy seguras, los que recientemente,
siguiendo otro rumbo, han pretendido probar que antes
de cierta época no pudo aparecer la idea de un Estado,
podrá ser tengan razón, pero hasta ahora sus aserciones
carecen de sólido fundamento.
Diríase que la fatalidad ha pesado siempre sobre los
documentos pertenecientes á la historia de Aragón. Ni
cristianos ni árabes escribieron nuestra historia en los
primeros siglos; pero tanto los unos como los otros de¬
jaron esparcidos muchos documentos, que, á conservarse,
(1) Al-llakkari, tomo I, pág. 222, lín. 22 y 23.
— 64 —
pudieran servir para rehacer nuestra historia. Conocido
es de cuantos se interesan por ella, que el monasterio
de S. Juan de la Peña, cuna y archivo, según nuestros
autores, de la monarquía aragonesa, ha sido varias ve¬
ces, desde los mas remotos tiempos, víctima de la vora
cidad de las llamas: así, no es extraño desaparecieran
los documentos originales de toda clase que allí debie¬
ran existir.
No ha sido mucho mas afortunada nuestra historia
de parte de los árabes. Poblada la frontera superior
(Aragón) en su mayor parte de yemenies, la aristocra¬
cia árabe pudo tener en ella mas influencia, mantenién¬
dose casi independiente de Córdoba: así que, los histo¬
riadores hasta el siglo xi, clientes en su mayor parte de
la familia de los Omeyyas, se ocupan muy poco de nues¬
tras cosas, si bien no dejan de mencionar algunas ex¬
pediciones, principalmente en la época de Abdo-r-Rahm-
man III: es verdad que si los de Córdoba se ocuparon
poco de nuestras luchas, no debió suceder lo mismo con
los historiadores de Huesca y Calatayud y de las fami¬
lias que en diferentes épocas tuvieron preponderancia
en Aragón.
Ebn Hazm en su celebrada carta, que puede compa¬
rarse por mas de un concepto con el Prohemio dirigido
por el marqués de Santillana al condestable de Portu¬
gal, hace mención de tres historias, cualquiera de las
cuales nos compensaría probablemente de la falta de no¬
ticias pertenecientes á la primera época. La familia de
los Benu Kaci, llamada también Benu Lope, represen¬
tante en Aragón del partido de los renegados, familia
— 65
de gran influencia durante los siglos vm y ix, tuvo sn
historiador: lo mismo le sucedió á la de los Tochibies,
representante del partido árabe yemeni, la cual suplantó
en la influencia á la de los Benu Kaci, gracias á la
política maquiavélica de Abd-Allah, que apoyó á los
tochibies en su rivalidad con los Benu Lope, no previendo
sin duda, que esa misma familia habia de contribuir á
la caida de la dinastía Omeyya, haciendo traición á su.
último representante, para sentar en el trono de Zara¬
goza á Mondzir, quinto nieto del protegido por Abd-
Allah.
No fué tan brillante el papel representado por los
Benu At-Towail, ó al menos no es tan conocida la his¬
toria de esta familia; pues solo de dos ó tres de sus in¬
dividuos vemos hecha mención en los autores árabes, al
menos en los que nosotros hemos visto; pero por los he¬
chos de armas llevados á cabo por Mohammad At-To¬
wail y por el enlace de un Atoel rey moro, quizá este
mismo, con una nieta del rey García Iñiguez, según el
códice de Meyá, podemos congeturar la preponderancia
de esta familia en los primeros años del siglo x y hasta
últimos del xi.
Como estas tres familias estuvieron en los siglos vm,
ix, x y xi en los puntos, que según nuestros historiado¬
res debieron formar el límite de la dominación musul¬
mana y la cristiana de Navarra y Aragón, parece indu¬
dable, que si hubieran llegado á nosotros, hubieran
podido suplir la falta de historiadores primitivos, é in¬
demnizarnos de la desaparición de los documentos que
indudablemente debieron existir en S. Juan déla Peña;
— 66 —
pero por desgracia, solo los nombres se conservan de estas
historias, sin que Ebn Hazan nos diga ni siquiera el nom¬
bre de sus autores (1).
Entre las muchas ciudades que sobre todo en el siglo
xi tuvieron historiadores, debemos mencionar á Huesca
cuya historia hasta el año 1107 fué escrita por Moliam-
madben Muca el Tochibi, conocido por Abu Motarrif (2).
No tendria tanta importancia para la primera época de
nuestra historia la de Calatayud escrita también en el
siglo xi por Mohammad ben Culeiman Al-Quelbi; pero
no dejaría de darnos noticias muy apreciables, no solo
de los árabes aragoneses, sino también de los cristianos,
sobre todo de los hechos de armas llevados á cabo por el
gran Batallador (3).
Por desgracia, de todas estas obras, solo tenemos noti¬
cias no muy circunstanciadas por cierto, lo cual nos hace
presumir, que ya en tiempo de los Ebn Hazmy Ebn Al-
Abbar eran poco conocidas las obras que trataban de las
cosas de la frontera superior: tanto mas podemos sospe¬
char esto, cuanto Ebn Jaldun, que tan enterado se
manifiesta délas cosas de Asturias, tomándolo en su ma¬
yor parte de Ebn Hayyan, da escasas y confusas noti¬
cias de Cataluña como condado y como reino, sin decir
una palabra del de Aragón como tal: es verdad, que casi
todos los grandes historiadores vivieron en Córdoba, Gra¬
nada ó Sevilla; y así, aun pudiera suceder se encontrára
algún libro importante para la historia, entre los que
(1) Al-Makkari, tomo II, pág, 118, lin. 18.
(2) Casiri. tomo II, pág. 151.
(3) Casiri, tomo II, pág. 122.
— 67 —
van apareciendo constantemente, si bien por desgracia
ó se destruyen por despreciados, ó se guardan demasiado
creyendo puedan contener noticias de ignorados tesoros.
No quiero abandonar este sitio sin dirigirme á vos¬
otros, mis queridos jóvenes, pues que á vosotros princi¬
palmente se dirige este trabajo, como la solemne ceremo¬
nia que le motiva: babeis visto la grande importancia
del estudio de la Lengua árabe para conocer en to¬
das sus manifestaciones la historia de los tiempos medios
y poder comprender los grandes trabajos de la Fi¬
lología comparada, que tanto contribuye á dar á cono¬
cer , en cuanto es posible, las transmigraciones de los
pueblos en los tiempos primitivos: vosotros, que tan
amantes sois de la imparcialidad, porque vuestros cora¬
zones juveniles ansian la verdad, tened en cuenta, que
la historia no estudiada en las fuentes, muchas veces
nos hace ver las cosas, no como fueron, ó al menos como
las refirieron los historiadores coetáneos, sino al través
del prisma con que las vió el autor: hay en el hombre
(no se por qué), tal propensión á entender las cosas como
conviene á sus ideas, que con la mejor buena fé atribui¬
mos á los demás lo que nos conviene: por tanto, nada
mejor que acudir á las fuentes en cuanto os sea posible.
El estudio que os recomiendo tiene, es verdad, pocos ali¬
cientes, y sobre todo exige alguna mas constancia que
los otros, y quizá éste sea el motivo, de que siendo Es¬
paña la nación que mas debiera cultivar estos estudios,
en ninguna otra se aprecien menos. Vosotros, mis que-
— 58 —
ridos jóvenes, nacidos en el suelo clásico de la constan¬
cia en el estudio, estáis en el caso de iniciaros en el co¬
nocimiento de la Lengua árabe, para que cuando termi¬
nada vuestra carrera literaria, esteis unos en vuestras
casas, otros en los destinos que hay ais conquistado con
vuestra aplicación, podáis, como por vía de descanso y
distracción, dedicaros á la lectura de los textos árabes,
y quizá se consiga lavar á nuestra querida pátria de
la especie de baldón que sobre ella pesa, por haber des¬
cuidado estos estudios.—He dicho.
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Total
aprobados,
Núm. 3.
UNIVERSIDAD LITERARIA DE ZARAGOZA.
CURSO DE 1868 A 1869.
PBEMIOS.
ORDINARIOS.
FACULTAD DE DERECHO.
NOMBRES. ASIGNATURAS.
Derecho Romano (l. cr curso)
Derecho Romano (2.? curso)
Derecho político y adminis¬
trativo.
Derecho mercantil y penal.
D. Tomás Castellano y Villarroya Premio. . . j n , _
D. Pedro Modrego y Millan. . . 1." accésit . I Uerech0 canónico *
D. Celestino M.® Herrero y Calvo. Premio. . . Teoría de procedimientos
judiciales.
El mismo.Premio. , . Ampliación del Derecho civil
El mismo.Premio. . . Práctica forense.
El mismo.. • Premio. . . Disciplina general de la
Iglesia.
D. Cecilio Sancho y Lezcano . . Premio. . .
D. Mariano Baranda y Benedicto. 1." accésit.
D. Enrique Zaldivar y Ruiz. . . Premio.
D. Rafael García y Domenech. . Premio.
D. Tomás Castellano y Villarroya 1 . er accésit
D. Pedro Modrego y Millan. . . 2.° accésit.
D. Eduardo Abinaja y Anchoriz. Premio
it.’ [
it..)
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS.
D. FranciscoComelerán y Gómez Premio. . . i Literatura general y espa-
D. Rafael Laguarta y Pinilla. . . 1." accésit. i ñola
D. Mariano Laita y Moya . . . . Premio. . . Literatura griega.
D. Enrique Zaldivar y Ruiz. . . Premio. . . Lengua griega.
D. Vicente Escolé y Albano. . . Premio. . . 1
D. Francisco Comelerán y Gómez l, er accésit . | Literatura latina.
D. Rafael Laguarta y Pinilla. . . 2.® accésit .)
I). Vicente Escolá y Albano. . . Premio. . .1
D. Francisco Moragas de la Tejera l.' r accésit J Historia universal.
D. Rafael Laguarta y Pinilla.. . 2.® accésit..)
D. Francisco Comelerán y Gómez Premio. . . Metafísica.
D. Mariano Laita y Moya.. . . , Premio. . . Historia de España.
D. Jaime Sala y Bonamy .... Premio. . . Lengua hebrea.
FACULTAD DE MEDICINA.
D. José Panzano y Laplana.. . . 1."accésit.. Fisiología.
D. Enrique Ruiz y París.1."accésit . Higiene privada.
FACULTAD DE CIENCIAS.
D. Pedro Ferrando y Plou.. . .
D. José Albiñana y Rodríguez. .
Premio. .
l. er accésit
Zoología, Botánica y'Mine¬
ralogía con nociones de
Geología,
EXTRAORDINARIOS.
FACULTAD DE DERECHO.
D. Tomás Burriel y Lacasa . . . Grado de Bachiller en Derecho civil y ca¬
nónico.
D. Celestino María Herrero . . . Grado de Licenciado en la misma Facultad.
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS.
D. Mariano Laita y Moya.. . , . Grado de Licenciado en la misma.
Núm. 4.
GTJAJDJRO DEL ZPEIRSOLST-A-ZL.
EN EL CURSO DE 1869 Á 1870.
M. I. Sr. Rector.Doctor D. Gerónimo Borao.
Vice-Rector.Doctor D. Pedro Berroy.
Secretario general.Licenciado D. Fernando Muscat.
FILOSOFÍA Y LETRAS.
Decano.Doctor D. Manuel Andreu.
Secretario.Doctor D. Francisco Codera.
PERÍODO DEL
Doctor D. Gerónimo Borao. . .
Doctor D. Francisco Codera.. .
Doctor D. Martin Villar.
Doctor D. Pablo Gil y Gil.. . .
Doctor D. JosÓ Puente.
Doctor D. Manuel Andreu . . .
BACHILLERATO.
Principios generales de Litera¬
tura y Literatura española.
Lengua Griega.
Literatura clásica griega. —Lite¬
ratura clásica latina.
Geografía.
Historia universal.
Metafísica.
— 4 —
DERECHO.
SECCION DE DERECHO CIVIL Y CANÓNICO.
Decano.Doctor D. José Nadal.
Secretario. ..Doctor D. Antonio J. Pou.
PERÍODO DEL BACHILLERATO.
Doctor D. Julián Pastor .... Introducción al estudio del De¬
recho y elementos del Derecho
romano.
Doctor D. Antonio José Pou. . Continuación del derecho ro¬
mano.
Historia y elementos de Derecho
civil, español, común y foral.
Elementos de Derecho mercantil
y penal.
Instituciones de Derecho canó¬
nico.
Elementos de Derecho político y
administrativo.
Elementos de Economía política
y Estadística.
PERÍODO DE LA LICENCIATURA.
! Teoría de procedimientos judi¬
ciales.
Práctica forense.
Doctor D. Clemente Ibarra. . . Disciplina general déla Iglesia y
particular de España.
Doctor D. Andrés Blas (Auxi¬
liar) .Ampliación del Derecho civil y
códigos.
Doctor D. Roberto Casajus (Au¬
xiliar) .
Doctor D. Jorge Sichar.
Doctor D. Pedro Berroy. . . .
Doctor D. José Nieto Alvarez. .
Doctor D. Vicente Bas.
MEDICINA.
Decano, Doctor D. Florencio Ba¬
ilarín.
Secretario, Doctor D. Victoriano
Causada.
Doctor D. Marcelo Guallar (Au¬
xiliar) .Ampliación de la Física esperi-
mental.—Química general.
— 5 —
Doctor D. Florencio Bailarín. . Zoología, Botánica y Mineralogía
con nociones de Geología.
Doctor D. Jacinto Corralé (Auxi¬
liar) .Anatomía descriptiva y general.
Primer curso.—Ejercicios de
disección. - Primer curso.
Doctor D. Isidro Valero (Auxi¬
liar) .Fisiología.—l'atología general con
su clínica y anatomía patoló¬
gica.
Doctor D. Victoriano Causada
(Auxiliar).Higiene privada.
AMPLIADAS POR LA EXCMA. DIPUTACION.
filosofía y letras.
PERÍODO DE LA LICENCIATURA.
Doctor D. Pablo Gil y Gil . . . Historia de España.
Doctor D. Francisco Codera . . Estudios críticos sobre autores
griegos.
Doctor D. Martin Villar.Hebreo.
PERÍODO DEL DOCTORADO.
Doctor D. José Puente.Estética.
Doctor D. Manuel Andreu. . . Historia de la Filosofía.
DERECHO.
SECCION DE DERECHO CIVIL Y CANÓNICO.
PERÍODO DEL DOCTORADO.
Doctor D. Antonio José Pou. . Filosofía del Derecho.
Doctor D. José Nieto Alvarez. . Legislación comparada.
Doctor D. Clemente Ibarra. . . Historia de la Iglesia.
SECCION DE DERECHO ADMINISTRATIVO.
PERÍODO DEL BACHILLERATO.
Doctor I). Vicente Bas.Elementos de Economía política
y Estadística.
Doctor D. Nicolás Canales . . . Nociones del Derecho civil y De¬
recho mercantil y penal.
— 6
Doctor D. José Nieto.Derecho político y administrativo*
Doctor D. Andrés Blas.Instituciones de Hacienda pú¬
blica.
PERÍODO DE LA LICENCIATURA.
D. Desiderio de la Escosura . . Derecho político de los princi¬
pales estados, etc.
Doctor D. Matías Galve.Derecho mercantil y legislación
de aduanas.
MEDICINA.
PERÍODO DEL BACHILLERATO.
Doctor D. Francisco Arpal. . .
Doctor D. Isidro Valero . . . .
Licenciado D. Matías Perez. . .
Doctor D. Francisco Arpal. . .
Licenciado D. Manuel Ester. . .
Licenciado D. Manuel Fornés..
Licenciado H. Ildefonso Ferrer.
Anatomía general y descriptiva,
segundo curso.—Ejercicios de
disección.
Terapéutica, materia médica y
arte de recetar.
Patología quirúrgica.
Anatomía quirúrgica, operacio¬
nes, apósitos y vendajes. #
Patología general.
Patología médica.— Hidrología.
Obstetricia y Patología especial
de mujeres y niños.
PERÍODO DE LA LICENCIATURA.
Doctor D. Genaro Casas ....
Licenciado D. Jacinto Corralé .
Licenciado D. Ildefonso Ferrer.
Licenciado D. Vicente Almenara.
Licenciado D. Eduardo Fornés.
Preliminares clínicos y clínica
médica.
Clínica quirúrgica.
Clínica de obstetricia.
Higiene pública.—Epidemología.
Medicina legal y Toxicología.
PERÍODO DEL DOCTORADO.
Doctor D. Victoriano Causada . Historia de la Medicina.
Licenciado en Farmacia D. Ra¬
món Ríos .Análisis química aplicada á las
ciencias médicas.
— 7 —
CIENCIAS EXACTAS, FÍSICAS Y NATURALES.
PERÍODO DEL BACHILLERATO.
Doctor D. Antonio Lesarri. .
Br. D. Bruno Solano.
Doctor D. Pablo Gil.
Doctor D. Marcelo Guallart. .
Doctor D. Marcelo Guallart. .
Doctor D. Florencio Bailarín.
D. Agustín Gorriz.
. Complemento de Algebra, Geo¬
metría y Trigonometría recti¬
línea y esférica.
. Geometría analítica de dos y tres
dimensiones.
. Geografía astronómica.
. Ampliación de la Física experi¬
mental.
. Química general.
. Zoología, Botánica y Mineralogía
con nociones de Geología.
. Dibujo lineal.
PERSONAL ADMINISTRATIVO.
BIBLIOTECA.
PERSONAL DE LA MISMA.
Lie. D. Eugenio Borao, Gefe.
Lie. D. Francisco Marzo, ayudante de tercer grado.
D. Pablo Blasco, portero.
SECRETARÍA GENERAL.
Secretario general.Licenciado D. Fernando Muscat.
NEGOCIADO PRIMERO.
Oficial primero.D. Joaquín Pobea.
Auxiliar.D. Manuel Báses.
NEGOCIADO SEGUNDO.
Oficial segundo.D. Gerónimo Soler.
Auxiliar.D. Ricardo J. Ortiz.
8 —
NEGOCIADO TERCERO.
Oficial tercero.O. Servando Talón.
Auxiliar.• . . . . D. Alejandro Muscat.
DEPENDIENTES.
D. José Mediano . .
D. Lucas Mediano . .
D. Miguel Gascón . .
D. Joaquín Ciriquian.
Conserge y Bedel mayor.
Bedel primero.
Id. segundo.
Id. tercero.